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Ser gay en el Perú no es lo mismo que serlo en Europa o Estados Unidos, en principio el estándar de calidad de vida en esas regiones son superiores al nuestro y por ende  satisfacer las necesidades básicas no es un problema como sucede en nuestro entorno. Pero esta distinción no es percibida - por lo visto -  por muchos, quienes al parecer superponen con cierta filosofía “open mind” el estereotipo del gay “escandaloso y desviado sexual” con más bien con un tipo de gay consumidor de todo tipo de productos y servicios exclusivos. Tengo la leve impresión –y me imagino que muchos de Uds también-  que no somos visto  como sujeto de derechos sino como “seres extraños que no importa si tengamos derechos o no, sino que contemos dinero para comprar”

 

ERES GAY, DE HECHO TIENES PLATA

Según tengo entendido, en otros países con niveles de calidad de vida más óptimos y generalizados a casi toda la población, el segmento GLBT  puede jactarse de ser uno de de los más prósperos, al parecer por el ahorro de dinero derivado de las obligaciones de una familia tradicionalmente constituida con conyugue e hijos, versus a hombres solteros sin obligación o carga familiar que caracteriza a los gays de esas regiones.

Esta percepción de hombres solteros y con potencial económico para gastar en servicios exclusivos es la que muchos empresarios tienen del “mercado gay”. y por asociación del “mercado gay en Perú”

Definitivamente, esto no es cierto. Obviamente, existe -me imagino- personas gays, lesbianas y personas trans, con suficiente dinero para vivir una vida de comodidades, pero de hecho no es la mayoría. Es más si consideramos las cifras  oficiales de la Organización Mundial del Trabajo la pobreza en nuestro país representa el 43,2 %  del total de la población, representando aproximadamente a 12 millones de personas. Asimismo la ONG Care informa que 2.5 millones se encuentran en condición de extrema pobreza y el 52 % del total de pobres son indígenas. Si a estas cifras le estimamos el  5 ó 10 por ciento, dentríamos un estimado de cuantas personas GLBT están en el índice de pobreza y extrema pobreza y a ello hay que sumarle no sólo el hecho de ser pobres, sino la condición de población históricamente discriminada,  estigmatizada y vulnerable entre otras cosas a enfermedades de transmisión sexual como el VIH-SIDA

 No obstante esta realidad, últimamente para muchos medios de la sociedad, y en especial para el gremio empresarial, el hecho ser gay en el Perú, es sinónimo de gente que gasta exclusivamente mucho dinero en servicios y productos suntuosos como ropa exclusiva, discotecas, restaurantes, servicios turísticos, etc.

 Creo que  debemos tener en cuenta varios elementos para analizar estas ideas.

 PUBLICIDAD ENGAÑOSA

Muchas veces la publicidad nos envuelve en su halo de promesas de una vida feliz, donde las ideas del éxito son asociadas inconscientemente a hombres guapos, blancos musculosos de cultura occidental, en donde la discriminación, la violencia, la pobreza, la falta de derechos son olvidados por un instante a cambio de varias monedas que nos hagan momentáneamente soñar. Es el tipo de vida que mucha gente desea vivir creando falsa necesidades e incitando a adquirir bienes de lujo, cuya adquisición puede impedir que atiendan a las necesidades realmente fundamentales.

Es este tipo de servicios y su publicidad  las que nos vende la idea que cuanto más consumamos en el mercado, tendremos los mismos derechos que los heterosexuales, cosa que en sí no es tan cierta, pues no todos tenemos las mismas condiciones de consumo, cosa que ya es injusta de por si, pero  además pues solo importamos en la medida que seamos consumidores y no como sujetos de derecho, es decir,  si no tienes plata, no vales.

 VETE  AL GUETTO GAY

Definitivamente la exclusión y la discriminación dan como efecto la presencia de espacios exclusivamente gays, tales como discotecas, saunas, cuarto oscuros, hoteles, etc., en donde en teoría los gays pueden “ser” como ellos realmente son, sin ningún tipo de censura o prohibiciones.

Basado en esas premisas los negocios dedicados a esos rubros se han incrementado, siendo para muchos los únicos lugares de socialización y reforzamiento de conductas donde se recurre, además del Internet, para acercarse al otro. Suena como una especie de reclusión forzada, en donde una vez terminada la música o la hora y media del tiempo del hostal o Internet, todo lo demás sigue siendo igual.

En efecto, por esta necesidad de encuentro y exclusión mucha gente gay, gasta o anhela gastar mucho dinero en ese tipo de locales, los cuales por medio de la publicidad nos venden fantasías momentáneas, producto de las condiciones de exclusión y represión social.

 ¿DEBEMOS DEJAR DE CONSUMIR?

Toda esta reflexión no tiene como objeto sugerir uno u otro estilo de vida determinado, no pretendo que digamos “NO” al mercado de bienes y servicios. Sólo me puse a pensar que quizá el mundo sería un poco diferente si hubiera menos gente alienada que piensa que ir a una determinada discoteca gay o usar una determinada ropa, la hace superior a otra. Si más gente invirtiera su dinero en servicios más provechos a largo plazo. Si la publicidad fuera menos engañosa. Si más gente pudiera acceder a mejores niveles de calidad de vida. En fin, creo que no eludiendo la responsabilidad del Estado, es responsabilidad de todos y todas en contribuir a un cambio, en que nuestras relaciones no se basen simplemente a la posibilidad de acceder a un producto o ciertos servicios para ser considerados sujetos de derecho, sino que más que eso, el simple hecho de ser seres humanos, iguales ante la ley, nos permita ser iguales en todos los sentidos y por ende capaces de poder ser felices sin la necesidad de falsas promesas a la venta.

 

FELICES FIESTAS

 

Carlos Omar Araya

araya15@hotmail.com

 

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