Arremete--otra vez--contra
los árabes y las uniones homosexuales
Según ella el presidente del gobierno español
está pagando una deuda con los homosexuales que votaron por el al impulsar el
matrimonio gay.
Oriana
Fallaci: La provocadora mundial
Oriana Fallaci la periodista a la que no se
resistía ningún entrevistado, ya fuera Yaser Arafat o el ayatolá
Jomeini, desapareció durante casi una década , convertida en una sombra en
mitad de Manhattan, encerrada en su apartamento, sin responder al teléfono
o al sonido del timbre de la puerta.
Pero desde hace tres años, desde que
publicó sus furibundos ataques contra el Islam y la homosexualidad, la
autora ha vuelto a hacer loq ue mejor sabe, causar revuelo. Ha recibido varias
amenazas de muerte y también efusivas felicitaciones, de Ariel Sharon por
ejemplo. Fallaci, a sus 74 años, sigue
viviendo sola entre Florencia y Manhattan, y pasa la mayor parte del tiempo y
sin apenas relacionarse con nadie. «Para que te abra la puerta, debes hacer
algún tipo de señal porque tiene miedo de que intenten matarla», explica
uno de los pocos que la han visitado en los últimos años. Los tres libros que publicó luego del 11 de
Setiembre, en los que defiende a la civilización occidental y lanza diatribas
contra los árabes y que se basan en artículos publicados en el Corriere
della Sera y la revista Panorama , han vendido cerca de un millón
de copias, cada uno, en Italia. Pero, paradójicamente, en Estados Unidos,La
rabia y el orgullo -el único publicado allí- apenas vendió 40.000
ejemplares tras su lanzamiento.
En su última edición,la "Trilogía"
de Oriana Fallaci incluye versiones actualizadas con las novedades
informativas, en particular la posdata titulada El Apocalipsis donde
Oriana Fallaci se entrevista a sí misma.
La celebridad de la escritora y el éxito de
ventas compensan sus excentricidades como bien lo saben los editores que pasan
por la experiencia de tratar con ella. Cuando escribió la primera serie de
artículos contra los musulmanes, Fallaci se negó a mandarlos por e-mail,
fax, correo a Milán, la sede central del Corriere. Pedía que el director
viajara hasta Nueva York para recoger su manuscrito.
Finalmente, aceptó que fuera un enviado
de confianza, que, pocos días después del 11de Setiembre, cuando volar era aún
muy problemático, cumplió la delicada misión.
En Italia y en Europa (sobre todo en Francia),
sus ataques han resultado muy rentables. Según ella, vende porque es la única
que se atreve a decir que «el rey está desnudo», como el niño en la fábula.
«La gente está sola en Occidente», escribe, «nadie les dice las cosas que
yo digo y han encontrado esta madre que les cuenta la verdad. Son ellos los
que se compran a sí mismos.Les digo lo que piensan y no saben que piensan».
Según Oriana Fallaci lo que piensa la
gente sin saberlo es que el Islam moderado no existe, que los inmigrantes
invaden y violan la cultura europea e incluso que la política española se
rige por un grupo de presión que ha pasado inadvertido para la mayoría.
Fallaci presenta una curiosa y, sin duda, inédita
teoría sobre las elecciones del 14 de Marzo. Probablemente será una noticia
para José Luís Rodríguez Zapatero o para Cogam, uno de los principales
grupos de defensa de los derechos homosexuales en España, que el actual
presidente ganó los comicios gracias al lobby gay español.
«No hay más que pensar en el voto masivo con
que en América [los gays] chantajearon a Clinton y con el que en España han
chantajeado a Zapatero. Tanto, que la primera decisión que Clinton tomó nada
más ser elegido fue meter a los homosexuales en el ejército, y una de las
primeras tomadas por Zapatero fue el de darle la vuelta al concepto biológico
de la familia, es decir autorizar el matrimonio y la adopción gay», escribe
la autora.
«ZAPATERO PAGA SU DEUDA A LOS GAYS QUE LE
HAN VOTADO»
«Sobre la aceptación de la homosexualidad
el señor Zapatero no tiene nada que enseñarme (se sobreentiende que él no
tiene que enseñarme nada sobre nada)», escribe la ex periodista, quien
explica en varias ocasiones que para procrear se necesita un óvulo y un
espermatozoide.
«Querida amiga», se contesta, «un ser humano
nace de dos individuos de sexo diferente». Tras múltiples referencias a la
reproducción y al riesgo de extinción de la especie humana por culpa de las
uniones gays, reconoce estar «obsesionada con el concepto de maternidad». «Siendo
mujer, y aún más una mujer herida por la mala suerte de no haber conseguido
tener hijos, entiendo mejor el concepto de maternidad», dice.
El ataque contra «el insoportable Zapatero»
continúa por su apoyo a los matrimonios entre personas del mismo sexo, que
ella considera una deuda electoral. Fallaci culpa a España del matrimonio
para parejas gays, «el derecho que ha inventado el señor Zapatero para pagar
su deuda hacia los homosexuales que han votado por él».
«En cualquier sociedad», prosigue, «en
cualquier esquina de la Tierra, en cualquier país, excluida la España de
Zapatero, el matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer. Así
permanece aunque de la unión no nazcan hijos. Así se entienden los
resultados del referéndum en 13 estados americanos que se concluyeron con la
victoria aplastante del no».
La idea del matrimonio gay no es ni mucho menos
de Zapatero ni de España, donde por cierto aún sólo existe un proyecto de
ley para autorizarlo. Fallaci tal vez desconoce que, a pocos kilómetros de la
ciudad donde vive, en Massachusetts, las parejas gays se pueden casar
legalmente, con todos los honores y derechos que el estado confiere, desde
hace casi un año.
En EEUU, existen además leyes en varios
estados, incluido Nueva York, donde reside Fallaci, sobre uniones civiles para
reconocer igualdad de derechos, entre ellos el de la adopción. Dinamarca fue
en 1989 el primer país del mundo en legalizar el matrimonio para personas del
mismo sexo y, desde entonces, decenas de países han aprobado leyes similares
en distintas variantes. Según la Historia, de hecho, el origen del matrimonio
gay se encuentra en la cuna de la civilización que tanto defiende Fallaci.
Varios emperadores celebraron bodas entre personas del mismo sexo en la
antigua Roma.
Respecto a los referendos del 2 de noviembre,
se celebraron en estados muy conservadores, especialmente del Sur de Estados
Unidos, dominados por zonas rurales y contrarios a los valores demócratas de
las grandes ciudades como Nueva York. Más del 82% de los votantes de la isla
donde Fallaci reside, Manhattan, eligieron entonces a Kerry.
«CLINTON OLVIDO LA DIGNIDAD DE EEUU DURANTE
8 AÑOS»
La autora, que dice adorar la muy demócrata
y multicultural Nueva York como «la capital de Occidente», defiende el
concepto de matrimonio de George W. Bush, aunque puede que el presidente
republicano la traicione en este aspecto porque, ya elegido, el presidente ha
sugerido que no dará prioridad a la enmienda constitucional para definir el
matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer.
Claro que la ex reportera considera al
presidente de EEUU demasiado de izquierdas para su gusto. Aunque ha dicho
respetar «la dignidad que había sido olvidada en Estados Unidos durante ocho
años» y que supuestamente Bush ha devuelto a la Casa Blanca, también ha
criticado sus palabras conciliadoras con el Islam, que él suele denominar una
«religión de paz» (el republicano ha sido el primer presidente de EEUU en
cuatro décadas en pisar una mezquita).Cada vez que lo escucha con estos
comentarios en televisión, Fallaci grita «¡Cállate, Bush! ¡Cállate Bush!»,
según dijo al New York Observer hace dos años.
Ella, en cambio, adora a Laura Bush, el
prototipo de mujer tradicional y que, según la italiana, se parece mucho a su
madre. Cuando la vio por primera vez en televisión -según contó al Observer-
exclamó: «Mamma, mamma».
Los años gloriosos de la periodista fueron los
70 y 80, cuando consiguió entrevistar a todos los grandes políticos de la época.
Ya parentonces había conseguido lo que pocas mujeres a finales de los años
50 en la prensa italiana: ser enviada internacional.Desde 1967, trabajó como
corresponsal de guerra, en Vietnam, Pakistán, Oriente Próximo y Latinoamérica.
Entrevistó a Indira Gandhi, Willy Brandt,
Yaser Arafat, el ayatolá Jomeini, Arthur Miller, Martin Scorsese o Clark
Gable, entre muchos otros. Consiguió que el presidente pakistaní Zulfikar
Ali Bhutto criticara tanto a Gandhi en 1972 que un tratado de paz entre Pakistán
e India estuvo a punto de romperse por esas declaraciones.
Entonces, reconocía una subjetividad y conexión
personal con sus entrevistados que escandalizaban a la prensa anglosajona, que
la definía, por cierto, como izquierdista. Sus técnicas periodísticas eran
«controvertidas», según los periódicos de EEUU, partidarios de un estilo
donde el entrevistador no es protagonista.
La modestia nunca fue precisamente una virtud
de Fallaci, quien atribuía su brillantez a su personalismo. «Cada entrevista
es un retrato de mí misma», declaró al semanario Time cuando aún estaba en
activo: «Son una extraña mezcla de mis ideas, mi temperamento, mi paciencia
y todo esto guía las preguntas».
Henry Kissinger definió en una ocasión la
entrevista que le hizo la italiana como «la conversación más desastrosa que
he tenido nunca con un miembro de la prensa». Fallaci, que solía llamar «bastardos»
a sus entrevistados, está bastante de acuerdo.
Sus libros de aquellos años, resultado de su
vasta experiencia, nada tenían que ver con sus actuales expresiones de rabia,
como ella misma define y titula los actuales. Entre sus novelas, Un hombre
contaba la historia de Alekos Panagoulis, un héroe de la resistencia griega y
su amante en los 70 (tras una entrevista).Inshallah, publicado en 1990,
novelaba la historia de las tropas italianas en El Líbano. Sus best-seller
incluyen Entrevista con la historia, un clásico del periodismo con
sus grandes conversaciones con políticos y actores, y Si el sol muere,
sobre la exploración espacial de Estados Unidos.
«HABÍAMOS VISTO AL DIABLO. Y NOS HABÍA
DADO MUCHO MIEDO»
Desde los 90, permaneció lejos del
periodismo y en absoluto silencio, aislada y sola en su casa de Manhattan,
entre otras cosas por su lucha contra el cáncer de pecho. Ahora, a punto de
cumplir los 75, sólo se dedica a los comentarios ocasionales contra sus
bestias negras y a escribir su gran novela, en la que lleva años trabajando,
y dice que únicamente se movería por entrevistar al terrorista más buscado.
«La única persona en el mundo por la que traicionaría mi promesa de no
tener nada que ver con el periodismo» es Osama Bin Laden, se contesta a su
propia pregunta.
Tras el 11 de Setiembre, Christiane Amanpour,
una de las enviadas estrella de la CNN y que, de joven, consideraba a la
italiana «una inspiración», llamó desde Londres a su amiga Oriana y le
dijo que intentara entrevistar a Bin Laden. «Si alguien lo puede conseguir,
eres tú», comentó entonces Amanpour, cuenta una fuente cercana a Fallaci.«¿Y
que le preguntaría, a Bin Laden, si lo entrevistara?», se interroga a sí
misma en su último libro.
«Le sorprenderá», se contesta, «empezaría
interrogándolo sobre su infancia y adolescencia [ ] Le preguntaría, por
ejemplo, sobre el día en que, apenas cumplidos los 16, fue al palacio real
para ver a su compañero de juegos, es decir su amigo príncipe. Y ya que el
rey Faysal estaba muerto, no le dejaron entrar». Fallaci se asegura a sí
misma que cree haberlo visto de pasada, una vez, en Beirut, en los años 80.
«Habíamos visto al Diablo, querida», se dice, «habíamos visto a Satanás.
Habíamos visto al Monstruo con siete cabezas y diez cuernos de quien habla el
evangelista Juan. Y nos había dado miedo. Mucho miedo».
Cuando el New York Times Magazine le preguntó
en 2003 si le gustaría entrevistar a Bin Laden, la autora dijo que no, pero
le dedicó palabras de cierto reconocimiento: «Aunque él es el enemigo,
tiene cierta dignidad en su posición, un poco como Jomeini. Paradójicamente,
siempre sentí que Bin Laden me hablaría. Pero no, no tengo tiempo para
excepciones».
«¡EH, SHARON! ¿SIGUES ESTANDO TAN GORDO?»
Aunque en sus últimos artículos ha
diversificado los objetivos de sus ataques, el Islam sigue siendo su principal
obsesión. En Oriana Fallaci se entrevista a sí misma, se pregunta
sobre cómo reaccionó frente a una declaración publicada en el Corriere por
musulmanes moderados tras la masacre en la escuela de Bestlan, en Rusia, y se
contesta: «Primero, con una amarga carcajada. Amarga pero carcajada. Porque
hablar del Islam moderado mientras un comando de musulmanes chechenos tiene
secuestrados a 1.000 niños y amenaza con matarlos uno a uno, es cuanto menos
curioso, más bien ridículo. Después, una vez apagada la amarga carcajada,
con un gesto melancólico de desazón».
Según ella, no existe ningún tipo de Islam
moderado. «En cualquier versión que se elija del Corán, la sustancia no
cambia. Los versos sobre la Yihad entendida como Guerra Santa permanecen. Y así
los castigos corporales. Así la poligamia. Así la sumisión, mejor la
esclavización, de las mujeres. Y así el odio a Occidente, las maldiciones a
los cristianos y a los judíos, es decir, los perros infieles. Así la
incompatibilidad entre teocracia y el Estado de Derecho. Inútil subirse por
las paredes».
Ante este razonamiento, que la autora ha
repetido en los últimos años, no es de extrañar que una de las
felicitaciones que ha recibido sea la del primer ministro israelí, Ariel
Sharon. Según su versión de la conversación telefónica de abril de 2002
relatada al Observer, ella contestó: «¡Eh, Sharon! ¿Qué tal estás? ¿Sigues
estando tan gordo?». Tras las felicitaciones de Ariel Sharon por sus
artículos, la atrevida Oriana Fallaci se disculpó por haber sido «demasiado
dura» con él en los años 80. Cuando ella le dio el pésame por un atentado
la noche anterior en Israel, el primer ministro, agradecido y tan poco dado a
los cumplidos, contestó: «¡Oriana! Tú eres la única que utiliza la
palabra pésame. Estos malditos cabezas de Estado Acabo de hablar con los británicos
y los americanos [Blair y Bush], y no me dijeron esa palabra». (basado en un artículo publicado por María
Ramírez en el El Mundo)
REVISTA DE LIMA GAY
