por Giancarlo Cornejo Salinas

 

 

 

 

Las travestis vistas desde el Estructural Funcionalismo

 

 

 

 

 

 

 ¿Por qué hay travestis?
Creo que esa pregunta debería ser reemplazada por la siguiente: 
¿por qué ser travesti es tan terrible, tan despreciable?. Esto por supuesto en nuestro contexto cultural.  
En ciertas culturas ha habido ciertas formas de travestismo socialmente aceptadas o incluso incentivadas como el caso de los berdaches en Nueva Guinea Papúa, que era un travestismo shaman que hacía más valiosa a una persona para su grupo. En otras palabras el travestismo en sí mismo no es una conducta desviada, sino lo es enmarcado en un contexto cultural como Occidente que impone la norma heterosexual obligatoria a todas las personas.
La heteronormatividad podría ser definida como la institución (en tanto conjunto de valores y normas) que impone la heterosexualidad obligatoria como única sexualidad válida, legítima, aceptable y deseable. Y la cultura occidental es heteronormativa.
Según Albert Cohen al estudiar la conducta desviada se tiene que estudiar también la conducta “normal” (en tanto acepta y sigue las normas). Este autor define como conducta desviada  toda conducta que viola expectativas institucionalizadas (que son impartidas y legitimadas por el sistema social). Las travestis transgreden visiblemente la pauta heterosexual obligatoria que no solo asume que todos los hombres deben encontrar placer en poseer los cuerpos de mujeres, sino que está fuertemente anclada en una dicotomía de género rígida, en la que lo masculino se vive como una huída eterna de lo femenino. Además que en la mayoría de casos está fuertemente ligado al patriarcado (o sexismo) imperante.
¿Por qué el travestismo es una conducta desviada? A un sistema que impone la norma heterosexual obligatoria le es central que hombres y mujeres se reconozcan como básicamente diferentes, y que sean hombres y mujeres o que vivan sus masculinidades y femineidades en oposición al otro. Pero utiliza una serie de discursos como el de complementariedad, que en muchos casos justifica y legitima la inequidad entre estos géneros.
Otra pregunta pertinente sería ¿por qué imponer la heterosexualidad obligatoria como norma?, ¿qué “beneficios” se obtienen de imponer la heterosexualidad como norma?. Esto posiblemente hay estado relacionado con la tasa demográfica; hasta mediados del siglos XVIII la humanidad vivía en una etapa de supervivencia de la especie (en la que la mortalidad y la natalidad eran muy altas), y en ese contexto la reproducción era un valor en sí mismo y solo se veía a la sexualidad (si es que aceptamos el término para ese tiempo y discrepamos de Foucault en cuanto a que la sexualidad es una creación cultural reciente) como eminentemente reproductiva. Al imponerse la familia heterosexual monogámica como norma se procuraba que la reproducción se legitimara e incentivara. Pero en la actualidad vivimos en una etapa de equilibrio poblacional (o estamos en transición a ella como nuestra región) donde la sexualidad no es vista solo como reproductiva, sino también donde la dimensión placentera y lúdica es visibilizada y revalorada. Y en ese sentido la familia heterosexual monogámica ya no  sería la única aceptable, sino que se visibilizan otras formas diversas de familias.
Cohen se pregunta ¿cuándo una incipiente conducta desviada se convierte en una conducta (muy) desviada?. Para el caso de las travestis ¿cuándo un hombre que empieza a pensar en travestirse o cuando un hombre que usa la vestimenta asignada al género femenino en la privacidad de su hogar se convierte en una travesti que vive la mayor parte del tiempo asumiendo roles de género femeninos (o asociados a lo femenino)?
Las travestis son evidentemente una minoría reducida. Esto posiblemente esté relacionado con la existencia de lazos institucionales lo suficientemente poderosos que eliminen las motivaciones desviadas la mayoría del tiempo. Las travestis no son solo pensadas como pecadoras o inmorales, sino que al ser travestis son excluídas de una serie de beneficios, y muchas por renunciar a una masculinidad hegemónica viven en ghetos. Las motivaciones desviadas pueden ser reprimidas con castigos o premios.
El grupo de referencia ejerce un rol modelo en la conducta del individuo. ¿Quiénes son el grupo de referencia de las travestis? El grupo de referencia normativo para las travestis  posiblemente son los hombres con identidades de género masculina. Ellas como todos los hombres biológicos han sido socializadas para ser hombres y heterosexuales.
Ellas frente a su grupo de referencia tienen tres opciones: confirmar la norma heterosexual obligatoria y vivir frustradas al no expresar sus femineidades; pueden romper con su grupo de referencia (hombres con identidades masculinas) y buscar otros grupos de referencia que las acepten y legitimen o crear con otras travestis un nuevo grupo de referencia (o subcultura); o pueden violar las expectativas institucionales ellas solas sin la validación y legitimación de ningún consenso.
Hay una transición  del dolor producido por la transgresión al placer de transgredir las normas. ¿Cuándo el ser travesti deja de ser vivido como doloroso, en tanto no cumple con las expectativas y demandas sociales, a ser principalmente una fuente de goce y plenitud emocional?
Como ya mencioné antes para recibir los benéficos del sistema (prestigio, trabajo, respeto, derechos, etc) ellas deberían asumir roles (de género) que concuerden con los valores del sistema (que sean reconocidos por los otros). Las travestis son sancionadas socialmente no solo con el desprecio social, sino que también son discriminadas laboralmente y por su comunidad. Además no son consideradas ciudadanas, ni parte de la población por la que el  estado tiene que velar.
El sistema además crea necesidades que solo pueden ser satisfechas por él. Por ejemplo el sistema capitalista consumista hegemónico impone modas, que renueva cada temporada. Esto con la intención de que nunca se deje de consumir, pero este hecho es vivido por mucha gente como una necesidad a la que le dedican buena parte de sus presupuestos económicos. De la misma manera el sistema heteronormativo constituye al matrimonio y la reproducción como necesidades (de logro personal). En ese sentido los y las disidentes de la heteronormatividad (lesbianas, gays, travestis, bisexuales, transexuales, etc) pueden ver en el matrimonio y en el tener hijas/os una imperiosa necesidad. De esta manera se puede cuestionar la homofobia, pero no al matrimonio monogámico como norma. En el caso de las travestis pueden ver en el “feminizar” su cuerpo una necesidad, ya que para el sistema identidad y corporalidad (y hasta genitalidad) van juntos. Existe una presión cultural de hacer concordar el cuerpo y el sexo de éste con la identidad de género de la persona.  Para muchas travestis es muy conflictiva  la relación entre identidad y genitalidad, es decir les produce tensión el  vivir una femineidad y tener penes, y son pocas las que se han reconciliado con sus cuerpos y erotismos. No obstante las hay y  algunas reivindican su diferencia, su trasgresión, y habitan sus cuerpos, reafirman la validez de modificar sus cuerpos y propugnan que el cuerpo no es prisión.
La conducta desviada puede producir  indignación y hostilidad,  como en otros casos lástima y simpatía. Habría que preguntarse ¿por qué la respuesta contra las travestis es tan hostil y tan violenta?, ¿por qué se violentan con tanto odio sus cuerpos?, ¿por qué la lástima no vale con ellas?, ¿qué transgreden que ofende tanto?, ¿a quiénes ofenden?, ¿qué realidad disfuncional representan para el sistema?.
Para Julia Kristeva a lo abyecto se le tiene miedo porque siempre está al acecho. La abyección tiene un nivel individual y grupal y mantiene la identidad y suspende las amenazas. La “amenaza” de feminización y el homoerotismo están al acecho de las masculinidades, y se les enfrenta suspendiendo las dudas sobre uno mismo y trasladándola a los otros (homosexuales, travestis, locas). El que una persona renuncie a su “valor” de hombre debe ser un completo sinsentido para el sistema.
Cohen menciona  que algunas formas de desviación llevan a otras formas de desviación (como una suerte de espiral). El ser travesti hace que una persona tenga mucho más difícil el acceso al mercado laboral oficial, la hace más pobre, la ponen  en condiciones de marginalidad social y económica, muchas se ven forzadas a prostituirse, algunas de ellas roban, se vuelven adictas al alcohol o las drogas que las hace huir del dolor que muchas viven, además algunas son arrestadas, y la mayoría son perseguidas por la policía municipal.
La pregunta ¿por qué hay travestis? es válida en tanto nos preguntemos también ¿por qué hombres y mujeres vivimos nuestras identidades de maneras tan rígidas?, ¿por qué  los hombres no reconocemos nuestras femineidades? .
Las personas tenemos una necesidad de reconocimiento (social). Este reconocimiento es producto de la aceptación y conformidad a las reglas. Este reconocimiento es negado a   las travestis por el sistema hegemónico. También existe un temor al aislamiento que hace que la mayoría de personas adapte su comportamiento al grupo, y que hace que las travestis sean visiblemente tan pocas.
El sistema cumple funciones manifiestas y latentes. ¿Cuáles son las manifiestas y cuáles las latentes de la heteronormatividad?, ¿imponer la norma heterosexual obligatoria  es una función manifiesta o latente?. ¿Podría ser que mantener la norma heterosexual obligatoria sea la función manifiesta y que la latente sea mantener el patriarcado (al repartir mujeres a los hombres) y producir discursos que legitimen su sujeción? Posiblemente el que la heterosexualidad se imponga como norma es un vehículo “perfecto” para legitimar la exclusión de las mujeres de una serie de esferas, de derechos, de poder, de prestigio, sirva además para hacer de los cuerpos de las mujeres propiedad de un sistema.
Para Inglehart los países centrales ya están en una etapa posmoderna, nosotrxs estamos en una suerte de transición (en etapas anteriores a la de los países hegemónicos). Sería en la posmodernidad donde la diferencia es un valor en sí misma, y la tolerancia y la democracia consecuencias lógicas. ¿Este valor de la diferencia incluirá el de las diversas formas de vivir el género, de cruzar, romper, migrar, transgredir o romper la dicotomía de género también?, ¿la democracia las incluirá?, ¿sería posible hablar de ciudadanías travestis efectivas (en tanto puedan ejercer una serie de derechos)?
Desde el Estructural Funcionalismo también podríamos ver a las travestis como una subcultura. ¿En qué mundos e construyen ellas mismas?, ¿cómo se ven ellas mismas y a la sociedad?. Es válida además aquí la pregunta de si el sujeto subalterno es capaz de hablar.
¿Existen creencias de pertenencia al mismo grupo? Es decir el hecho de pasar por experiencias de violencia y exclusión similares  llega a formar una creencia generalizada de pertenencia al mismo grupo o talvez no.
Algunas travestis aceptarás su condición de marginalidad, otras no. ¿Qué liderazgos se consolidan?, ¿apelando a que características?. ¿Habrán habido episodios que puedan ser llamados comportamientos colectivos? Al no haber canales institucionalizados para que se oigan sus voces, ni se escuchen sus demandas ¿estarán forzadas a situaciones en las que tengan que agruparse para defenderse?, ¿qué medios pueden usar para producir cambios sociales?, ¿tendrán que aferrarse a marcos tradicionales de ciudadanía? o ¿desbordarán las formas institucionalizadas de hacer política con sus cuerpos, identidades, con el escándalo y el placer?
  

VOLVER A PRIMERA PLANA