¿Que nos espera en el  gobierno que viene?

 Por Ho Amat y León Puño, historiador.

 A 25 años, aproximadamente, de que la población lgbt en el Perú, se comenzara a organizar (el Mhol es, hasta ahora, la más vieja organización lgbt peruana), mucho agua, desde entonces, ha corrido bajo el puente, aunque no precisamente, la más refrescante. El movimiento lgbt ha pasado por buenos momentos y ha tenido periodos de crisis, sin embargo, es necesario tener presente que sin esos 25 años de lucha, lo que se ha logrado (para algunos poco), es de tenerse en cuenta.

Si actualmente gozamos de una vida medianamente tolerable, es gracias a esa lucha de más de dos décadas y media, lucha en la que hemos logrado notables avances, e incluso nuestros propios próceres y mártires. Pero la labor del movimiento lgbt no ha terminado. Todos nosotros, en la medida en que demostremos interés y preocupación por la situación de la población lgbt, en la medida en que nos involucremos asertivamente con la lucha lgbt (nuestra lucha), somos parte del movimiento.

Contamos actualmente con cerca de 50 organizaciones lgbt, a nivel nacional. Por otro lado, existen serios procesos de integración que se han manifestado a través de la organización de una red lgbt, de un primer encuentro nacional de organizaciones lgbt (realizado en el 2005) y la formación de una coordinadora nacional de DDHH lgbt (resultado del primer encuentro nacional  lgbt). Con relación a la sociedad, el movimiento cuenta con redes de apoyo, integradas por diversas instituciones, como las organizaciones feministas y de DD.HH. De parte del estado, se han conseguido el reconocimiento de instituciones como la defensoría del pueblo y el Tribunal de Garantías Constitucionales. En la actualidad, la “orientación sexual” fue declarada derecho inalienable, dentro del código de justicia militar, y como causal de no discriminación, por el Tribunal de Garantías Constitucionales.

Pero no todo ha sido color de rosa. En lo que va del gobierno de Toledo, se negó la posibilidad de incluir la no discriminación por orientación sexual, en el texto reformado de la constitución, además de la exclusión de las propuestas de los sectores lgbt, en el Plan Nacional de DD.HH. Quizás el mayor revés que hayamos sufrido, en estos últimos años, fue la “derrota” de las candidaturas lgbt al congreso y al parlamento andino. La población lgbt no supo ponerse de acuerdo y las personas que se presentaron a la elección, recibieron solamente, una discreta votación. Ello resulta trascendente, pues dejo en evidencia, ante la sociedad, que como grupo cohesionado simplemente no existimos, que no somos un grupo articulado, con peso significativo a nivel político.

Estas son nuestras fuerzas y debilidades. Nuestros principales logros se han conseguido en grupo, colectivamente organizados, mientras que nuestros fracasos han provenido de la desunión, de la falta de integración y tolerancia, entre nosotros mismos.

¿Que nos espera en adelante? El mundo atraviesa un periodo en el que las oleadas conservadoras, consiguen puntos importantes a su favor. En lo que al movimiento lgbt le atañe, las iglesias cristianas han logrado imponer su visión heterosexista de familia, en cuanto congreso internacional sobre familia se haya realizado; las iglesias cristianas, también, han consiguieron que la ILGA (la asociación internacional de gays y lesbianas), pierda su condición de grupo observador, mantenido por muchos años en la ONU, y aún más, las iglesias cristianas han logrado bloquear los intentos de legislación, sobre matrimonios o uniones civiles de persones homosexuales, en muchos países del orbe. Sin ir muy lejos, en el Perú, la presión ejercida por las iglesias cristianas, origino la exclusión de las demandas lgbt, del Plan Nacional de DD.HH.

Con relación a nuestro nuevo gobierno, el presidente electo Alan García ha demostrado, desde hace mucho tiempo, una posición bastante favorable a la causa lgbt, sin embargo, algunos gestos de su parte son verdaderamente preocupantes, como su negación tajante al matrimonio homosexual y su besamanos publico al cardenal peruano.

En este contexto, la situación del movimiento lgbt no es precisamente la mejor. Será necesario integrarnos y ser más solidarios entre nosotros, es decir, dejar nuestras rivalidades en aras de un proyecto en común. Es necesario que el movimiento lgbt se fije un plan de acción, con dos o tres objetivos principales para el siguiente lustro 2006/2011. Dos o tres objetivos realistas, es decir, dentro de nuestras posibilidades, los cuales podrían ser: 1) la reinserción de nuestras pretensiones, en el Plan Nacional de DD.HH.; 2) una importante norma antidiscriminatoria, en alguna instancia del estado; y 3) un representante lgbt en el siguiente congreso (2011). La aparente pobreza en el numero de estas pretensiones, tienen por objeto consolidar el movimiento en el siguiente lustro, pues en el futuro, el que los políticos nos consideren como grupo poblacional a tomarse en cuenta, dependerá de nuestra efectividad para conseguir nuestro objetivos, logros que sean visibles, claros y precisos.

Con ello no descarto la posibilidad de presentar otras reclamaciones, es mas, seria recomendable que pidamos el cielo para alcanzar la tierra. Quiero decir con esto, que en adelante, si se presenta la oportunidad, no dejemos de reclamar todo aquello que redunde a nuestro favor, así sea el matrimonio, la adopción, o lo que fuere. Al respecto, es posible  que muchos de nosotros no estemos de acuerdo con algunas de estas reclamaciones, pero la estrategia seria pedir hasta lo imposible, para que en las negociaciones con las diversas instancias del poder (principalmente el estado), se nos conceda lo mínimo, lo planificado (los dos o tres objetivos consensuados). La estrategia le ha dado buenos resultados ha diversos movimientos sociales, como el obrero, el negro o el feminista, y no tiene pierde, ni costo alguno.

En líneas generales, la situación en los próximos años será bastante difícil. Recuérdese que este gobierno tiene que enfrentar, muchos y muy acuciantes problemas sociales, especialmente la pobreza y el desempleo de importantes sectores de la población peruana. Por lo tanto, si no nos cohesionamos, si no logramos articular el movimiento lgbt, en torno a un plan de acción para este quinquenio que viene (2006/2011), corremos el riesgo de desaparecer del espectro político nacional, pues nuestras demandas serian invisibilizadas, frente a necesidades de poblaciones numéricamente mas importantes.

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