Historia de tres semanas
por
Kim Perez
En los años cuarenta, Gandhi combatió por la dignidad
de la India con sus huelgas de hambre. 
La huelga de hambre es un arma muy fuerte. Es un arma muy
especial, con la que no se toca la piel de nadie y quien pone los sufrimientos,
o incluso las víctimas, es quien mantiene la iniciativa. Pero como todas las
armas, hay que manejarla con mucho cuidado, no siempre es útil, y puede
resultar muy peligrosa para quien la usa.
En el caso de Gandhi, fue efectiva porque tenía enfrente a los
ingleses, con su cultura liberal, democrática y humanitaria. Quería hacer
saber algo que podían comprender perfectamente, una cuestión de dignidad. Si
se hubiera enfrentado con otros poderes de la época, él en persona habría
sido volatilizado y los indios masacrados y fin de la historia.
Pero no hay que salvar ninguna distancia para hablar de lo nuestro.
Porque para los y las transexuales también ha sido una cuestión de dignidad, hasta
el punto de habernos visto en la necesidad de anunciar una huelga de hambre.
Seremos muy pocos, mientras que los habitantes de la India eran millones. Pero
en estas cuestiones, una sola persona es mucho.
También en nuestro caso, éste era el momento y no otro.
Porque teníamos enfrente a un partido con un sentimiento solidario de
izquierda que había demostrado ya su compromiso con los homosexuales y nuestra
protesta no era por negarse a reconocer nuestros derechos humanos, sino por
retrasarse en hacerlo.
Lo mismo que el pulso entre Gandhi e Inglaterra se resolvió con
honor para las dos partes, una por su valentía e inteligencia, y la otra por su
humanidad, el nuestro también podría resolverse con honor para todos.
Cuando pienso en estas semanas, tengo la impresión de las piezas
de un puzzle que se mueven solas y que van desajustándose y luego ajustándose
solas, de una manera misteriosa.
Todo empezó con una afirmación hecha en un Programa Electoral;
todos lo sabemos; pero luego vino la cuestión de las fechas, como todos sabemos
también y no voy a repetir.
La última fecha señalada era el 31 de marzo de 2005. Pasó. Voy a
decir sólo que pasó. Y los y las transexuales tuvimos la sensación de ser de
nuevo los últimos de la fila, o "los últimos monos de la compañía",
como se dice en mi casa.
Se fue formando poco a poco un revuelo en nuestro ambiente. De las
primeras manifestaciones o declaraciones públicas que recuerdo, las de la página
de la Fundación de Identidad de Género. Luego, la dimisión de Rebeca Rullán
de la FELGT, las cartas personales de Juana Ramos, sobre todas estas cuestiones.
Los ruidos habían comenzado a convertirse en gestos decididos, con toda la
razón. Se estaba olvidando de hecho la dignidad de los y las transexuales, se
nos consideraba quizás poca cosa, cuatro gatos, cuatro locas, que debíamos
esperar turno pacientemente mientras salían leyes mucho más potentes, la de
Esto, la de lo Otro.
Por ser muchos, los gays y lesbianas fueron atendidos
escrupulosamente de octubre del 4 a junio del 5, en nueve meses. Nosotros, los
parientes pobres, dos años después no habíamos sido atendidos y se decía
alegremente que estuviéramos tranquilos, y que esperásemos, para empezar, ¡otros
seis meses más!
Daba casi risa, y estamos acostumbrados a reír por no llorar, pero
era evidentemente cuestión de respeto, o de dignidad, o de tomarnos en serio,
como se prefiera, y de que no se nos marginase como otros nos marginan en la
calle, en las clases o en el trabajo.
Todo eso era la fase de desajuste. Las piezas del puzzle salían
volando, ellas solas, y se estampaban contra las paredes, en una especie de
poltergeist que tenía a muchos estupefactos.
En ese momento, Carla Antonelli, que es la Coordinadora del Área
Trans del PSOE, tomó su decisión, que dejó estupefactos a muchos más. Se
planteó los deberes hacia su partido y los deberes hacia la gente suya y decidió
que no podía permitirse no mirar a una transexual a la cara.
Dicho sea de paso, al hacer ese análisis, le prestó también a su
partido el mejor servicio que podía prestarle: hacer ver que en él hay
personas tan de bien como ella.
Pero de momento, el alboroto mediático se creó, porque en nuestra
democracia no es frecuente que alguien plantee su fidelidad a la línea de su
partido, su afinidad fundamental, y a la vez su disidencia en algo que afecta
precisamente a los suyos, a los que como persona y como coordinadora se debe muy
especialmente. "Quiero poder mirar de frente a cualquier trans".
Era preciso conseguir que se nos oyera y tengo que decir que
supimos organizarnos perfectamente, como si fuéramos profesionales de los
medios. Supimos medir los tiempos y dosificar las informaciones, para usar
con eficacia esa arma terrible y letal que habíamos cogido en nuestras manos,
esa arma de información, la huelga de hambre.
Sabemos que las y los trans somos pocos, que tenemos poca fuerza,
pero sabemos también que nuestro único poder es la atención mediática. Y
ahora la necesitábamos para hacer saber hasta qué punto estábamos humillados
y hasta qué punto queríamos llegar para conseguir el respeto de todos: la
huelga de hambre con todas sus consecuencias.
No improvisada, no manejando el arma como un niño chico un pistolón,
sino coordinadamente, seriamente, de acuerdo a la gravedad del momento.
Nos sentíamos muy en serio, y muy asustadas. Yuyu, decía un
amigo. Las huelgas de hambre se puede saber cómo empiezan, pero no como acaban.
La propuesta fría y serena había sido de Carla. Dejamos que el
mundo se enterase bien, durante una semana. Digo el mundo, porque comenzamos a
pedir apoyo a organizaciones gays y lésbicas de España y de otros países.
Jorge Puchol, mi amigo gay, comenzó a hacer un mailing desde Valencia. Pedíamos
cartas al Ministerio de Justicia y a El País. No contestaron todos, pero
contestaron algunos, cuyo listado les honra, y entre los cuales, por sus múltiples
esfuerzos, quiero mencionar a Rubén López Díaz. Hicimos contacto con
organizaciones y personas transexuales tan notables como Belissa Andía,
Secretaria de la sección trans de la ILGA, Christine Burns y Stephen Whittle,
de Press For Change, la organización que consiguió la ley británica, o
con la notabilísima activista Lynn Conway, de USA, o con Jo, del European
TransGender Network, o con Marlene Riwkeh Meges, del GAT de Paris y Karine Solène
Espineira, de Sans Contrefaçon, de Marsella, que hicieron traducciones
fundamentalísimas, o Hazel Gloria Davenport, de Humana, de México, o
Mirella Izzo, de Crisalide Azione Trans, de Italia.
Nos contestaron también Trans-Info Echanges, de Lyon, Transgender
Equality Network de Irlanda, el Genderstichting de Bélgica y, con
mucho sentimiento, la Cadena de Radio Transexual y Gay de Argentina, las
organizaciones, quince, de la Red Trans del Perú, muchas organizaciones de México
y muchas de Chile, incluyendo nueve organizaciones de travestis, nombre
combativo y descarado con el que me siento muy identificada personalmente.
Fueron tantas, de tantas ciudades de América Latina, que me
permitirán que de momento no las nombre, porque son de las nuestras y de los
nuestros, gente con quien siempre vamos a andar juntas.
Nos decían, "¿Qué hacemos?". "Esperemos",
pensábamos. Mientras, Press For Change y Lynn Conway nos publicaban un diario
de la preparación de la huelga.
La semana siguiente, nos incorporamos al anuncio de la huelga de
hambre Gina Serra, Andrea Muñiz y yo. Tres presidentas (chairwomen, decíamos
en los diarios para los anglosajones) de tres organizaciones, una del Norte,
otra del Este y otra del Sur, que junto con Carla en el centro, santiguábamos
el mapa de España. Ni hecho a propósito. Las piezas del puzzle volvían a
encajarse, solas.
Gina Serra había organizado una campaña de recogida de firmas, en
la que personas particulares, trans y no trans, dejaron la suya y su
sentimiento, que guardaremos en nuestra memoria y nuestro corazón sabiendo que
se pusieron a nuestro lado en un momento decisivo.
Empezaron otras adhesiones a la huelga de hambre. Nuestra compañera
Tatiana Sánchez Mansilla, tan querida para mi, fue la primera; enseguida,
Antonia Leiva anunció que si podía, se sumaría, y luego las personas
transexuales que usan los nicks de "Palomita", "Nicolás" y
"Alberto", y alguien más que empezó a interesarse, desde Barcelona.
Tuvo repercusión pública, y en lo negro de la noche pensé en
ellos, que se ofrecieron muy en serio a pasar por lo mismo que nosotras tuviéramos
que pasar, el sacerdote gay José Mantero, expulsado por la iglesia que
dice ser de Cristo, que ha conseguido, literalmente, miles de adhesiones desde
iglesias cristianas de base de toda Europa, y el político también gay Jaume
d'Urgell, que llegó a estar con nosotras, esperando las noticias, muy
serio y preocupado. Era muy de agradecer que fueran gays y fueran
absolutamente solidarios, y que arriesgaran también su salud o su vida por los
y las trans.
El diputado por Los Verdes, Francisco Garrido, mostró desde los
primeros momentos su adhesión a la causa, así como Esquerra Republicana de
Catalunya, el político gay de derechas Carlos Alberto Biendicho, el periodista
Emilio de Benito, el antropólogo José Antonio Nieto, el escritor Javier
Montilla, la endocrinóloga Isabel Esteva, de la Unidad de Málaga, la
periodista Ruth Toledano... Escribí al Defensor del Pueblo Andaluz, José
Chamizo, siempre a nuestro lado, para pedirle que estuviera preparado para
intervenir si era necesario. Andrea Muñiz escribió en el mismo sentido al
Ararteko vasco, el activista gay Íñigo Lamarca. Tanto Gina Serra como ella
empezaron una febril serie de contactos, y tuvieron una presencia continua en
los medios de comunicación catalanes o vascos, respectivamente.
Al mismo tiempo, en torno a la iniciativa de Carla, el
movimiento trans comenzaba a unirse y en cierto sentido, a existir por
primera vez. Se planteaba ya algo muy grande: el movimiento transexual
unido, con iniciativa propia, con voz propia. Un movimiento transexual hasta
ahora fragmentario y disperso, pero que encontraba en la fragmentación su
propia fuerza, la espontaneidad, la sinceridad, la insobornabilidad.
En él todos nos conocemos, porque somos muy poca gente, pero pocas
veces hemos encontrado causas comunes para las que unirnos. Ahora la teníamos,
la causa de nuestra dignidad, del respeto que esperamos, igual que cualesquiera
otras personas.
El movimiento transexual comenzó a unirse, en forma autónoma,
para cada organización, pero solidaria plenamente y espontáneamente, sin
necesidad de muchas palabras ni de muchas formalidades. Carla lo bautizó
Stonewall 2; Stonewall, todos lo saben, había sido una iniciativa trans, una
gloria trans, que mostraba de lo que somos capaces; ahora, de nuevo, teníamos
que demostrarlo, y como entonces, no para hacerle mal a nadie, sino bien a
nosotros mismos.
En nuestras casas, ordenadores y teléfonos, el fijo a un lado, el
móvil al otro, echaban humo más de doce horas al día. El arma de la huelga de
hambre, puesto que es de información, es de comunicación. Nos mantuvimos
comunicados, nos enviamos mensajes de móvil o de ordenador, las cuentas de teléfonos
nos van a arruinar de por vida, pero el movimiento transexual fue formándose,
en gran parte solo, por la fuerza de la razón y de los sentimientos. Hubo quien
se quedó al margen: no voy a dejar de respetar a esas organizaciones, que
hicieron sin duda lo que creyeron que debían.
El momento más hermoso fue cuando nos reunimos en la sede de Transexualia
todas las organizaciones que habíamos decidido acudir a la cita con Pedro Zerolo,
no sin dudas previas, que fueron resolviéndose. Estuvimos reunidas dos horas y
media. Comimos algo, sandwiches y cosas así, porque queríamos que nuestras
mentes estuvieran ligeras y despiertas, y hasta un puntito de peleonas, en vez
de captadas por el sopor de una buena digestión. Sabíamos que íbamos en
serio, y que era una ocasión histórica única, de las que pasan una vez a
tu lado y no vuelven a pasar. Sabíamos también que teníamos que mantener un
apoyo sin fisuras, no era preciso casi hablarlo.
Hablamos todas las organizaciones, en orden perfecto, con
tranquilidad y con convencimiento. Una compañera latina pidió que, en la
futura ley, no nos olvidáramos de las trans inmigrantes, víctimas de la
exclusión social en sus países y aquí. Es decir, que daba por hecho que
habría ley. Con toda la inquietud que fuera, ésa era nuestra voluntad. Carla
Represa manifestó, como representante, la postura de sus organizaciones
representadas, y luego, a título personal, su voluntad de unirse a la huelga.
A mi lado, una amiga cuyo nombre no voy a decir, me dijo
sinceramente: "Estoy emocionada"
El día antes, el viernes, habíamos recibido el apretón de manos
virtual del Cardenal de Sevilla, lo que quitaba cualquier argumento del miedo a
los carcas. Este pronunciamiento transcendental se debió a una gestión de Andrés
de la Portilla, que colaboraba con nosotras desde el principio en muchas
otras cosas (pero no hasta el final) Es verdad que, veinticuatro horas después,
el Cardenal, sufriendo presiones del resto de la Conferencia Episcopal,
tuvo que decir "donde dije digo, digo... digo", porque se afianzó en
lo mismo, de lo que sabe perfectamente por sus estudios como psicólogo. Pero
esto significaba que comenzábamos a no estar solos, a contar con apoyos en las
partes más dispares y hasta inesperadas de la sociedad. Nuestro esfuerzo mediático
comenzaba a dar frutos y otra pieza venía a ajustarse con las demás.
Terminamos la anterreunión, y nos fuimos con calma para la calle
Ferraz. Un momento después, estábamos con Pedro Zerolo y otros miembros de su
secretaría y del grupo GLBT del que forma parte Carla. Allí estaban Miguel Ángel
Fernández, Mariano Moreno, María José Hernández y la diputada
Carmen Montón. También estaban Boti García y Beatriz Gimeno, de la
FELGT y Carla, pero entre nosotros, en las filas de las
organizaciones asistentes, no en la presidencia, como le correspondía.
Nos saludamos uno tras otro, ceremonialmente, nos besamos, y empezó
la reunión. Pedro empezó a hablar tranquilamente, muy pausadamente, con su
melodioso acento canario, aunque demasiado políticamente correcto (todo
"as" y todo "os")
No nos cansó. Expuso, primero, los logros de su Secretaría en
favor de los transexuales que, verdaderamente, ya van siendo algunos. Luego,
explicó las líneas generales de la ley, y ahí comprendimos que eran
necesarias más explicaciones sobre la Ley que pretendemos. Luego, nos dijo que
habría un anuncio "inminente" de la ley, para antes del 30 de junio
de 2006 y presentada con garantías políticas.
Pedro Zerolo quería que hubiese acuerdo, pero sabíamos que era
necesario todavía aclarar mucho y poner en claro en primer lugar lo que queríamos
aclarar. Pensé que era muy preciso pedir un tiempo muerto, como en los
partidos de baloncesto, para hablarlo entre nosotros y las caras hicieron
evidente que compartían ese pensamiento. Pedro, cortésmente, accedió a salir
junto con los integrantes de su Secretaría y nos dejó solos.
Pusimos a Josefina Pérez como moderadora y lo hablamos. Volvimos a
hablarlo tranquilamente, aunque preocupados, pero con perfecto orden, tal
era nuestro acuerdo de fondo, la verdadera fuerza que llevábamos a la reunión.
Hicimos hasta tres rondas de intervenciones. Al final de las tres, presentamos
nuestras posiciones casi unánimemente, salvo alguna abstención, es
decir: no hubo ni un voto en contra. Esa era, materializada. la fortaleza del
movimiento trans.
Pedro Zerolo recogió nuestras posiciones. Se había ofrecido a
gestionarlas, desde ahora, personalmente. Tampoco nosotros queríamos
intermediarios. Nos ofrecimos a hacerle llegar nuestras posiciones, el miércoles
a las nueve de la mañana. El viernes habría una reunión, en la que Rebeca
Rullán sería nuestra portavoz, con quien quisiera acudir con ella, para
comenzar a negociar con Pedro el contenido de la ley inminente. Yo (empezaré
con el burro por delante, para que quede claro que fue decisión mía y nadie
tuvo que empujarme) y Carla, anunciamos que no renunciábamos a la huelga hasta
ver todo eso encarrilado.
Era cuestión de esperar a esta semana. El miércoles 10, en las
Cortes Generales, todo entre maderas preciosas que reflejaban las luces y
adornos dorados que brillaban todavía más, la diputada Carmen Montón, del
PSOE, hizo una pregunta al Ministro de Justicia, que respondió diciendo, básicamente,
que: reasignación legal sin cirugía; que sería un procedimiento
administrativo; y que antes del 30 de junio. Luego la diputada Rosa María Bonás,
de ERC, subió a la tribuna de oradores para hacer una solemne interpelación;
habló con preparación y con serena emoción, y preguntó sobre todo por la
sanidad. El ministro contestó exponiendo la situación en las diversas autonomías
en que la prestación está en curso (Andalucía y Extremadura) o en estudio
(Aragón, Asturias, Cataluña), lo que sugería que lo dejaba a la
responsabilidad autonómica, pero se reafirmó en los puntos de la futura Ley de
Identidad de Género.
De todo quedó constancia nada menos que en el Diario de Sesiones
del Congreso de los Diputados.
Yo lo estuve viendo por el Canal Parlamentario, todo el tiempo de
pie, en señal de respeto a todos los que estaban reconociendo nuestra
dignidad y también el respeto hacia los y las transexuales.
A continuación, desistimos de la huelga.
Kim Pérez
15-05-2006