
“Mano
dura” o
democracia.
por
Ho
Amat y León Puño, historiador
La
historia es un importante referente que nos ayuda a comprender nuestra compleja
realidad, por tal motivo, mucha gente considera a esta, como “maestra de
vida”. Pero si la historia es una buena maestra, ello no la libro de tener muy
malos alumnos. En nombre del cambio se implantaron innumerables tiranías
genocidas, como las de Stalin en Rusia, Mao en China y la mayoría de dictaduras
de toda laya, en los cinco continentes. Más si atendemos a la historia, los
verdaderos cambios sociales, no han sido producto de gobiernos mesiánicos ni de
guerras revolucionarias, sino de largos procesos sociales, paulatinos y
progresivos.
La
historia nos ha enseñado que los verdaderos cambios no solo implican
estructuras, sino también ideas. Ejemplo de ello lo fue el capitalismo, que
logro implantarse en occidente, luego de que nociones como las de individualidad y libre empresa, se hicieran parte del
“sentido común” de la gente. En suma, los cambios sociales se toman su
tiempo y van acompañados de nuevas y progresivas ideas, las cuales no se
imponen, ni vertical ni arbitrariamente. Al respecto, al cristianismo le tomo
cerca de cuatro siglos imponerse, como religión oficial del imperio romano,
tiempo en el que los primeros cristianos, se ganaron lenta y paulatinamente, las
conciencias de los paganos romanos.
Solo
una visión sesgada y patriarcal podría considerar, a estas alturas, que los
cambios sociales, que los verdaderos cambios sociales, se logran únicamente
desde el poder, imponiéndoselos a la gente. Si Sendero Luminoso no venció en
el Perú, se debió, en gran medida, a que sus sanguinarias huestes se
olvidaron, de lo importante que era ganarse a la población, hacerla participe
de su “causa”. Hoy por hoy en el Perú, nos encontramos frente a la misma
disyuntiva, la de elegir un nuevo presidente, entre varios candidatos que no
prestan ninguna atención, a las “enseñanzas” de la historia. Los tres
punteros en las encuestas, parecen desconectados con la realidad de un pueblo
asqueado de su clase política. Dos de ellos políticos tradicionales y el
tercero con todas las mañas de un político tradicional.
Repasemos
la lección: una larga historia de gobiernos patriarcales, tiránicos, despóticos,
autoritarios y militarizados, han impregnado en la mente del pueblo peruano, la
idea de que solo la “mano dura” es la solución a todos nuestros problemas,
sin caer en cuenta que, precisamente, esa, casi eterna, “mano dura”, es la
que nos ha dejado en la pobreza y en la miseria, tanto material como espiritual.
Lamentablemente la población se equivoca y los políticos peruanos,
tradicionales en su mayoría, son responsables, en gran medida, de esta situación,
ya que, hasta ahora, les ha importado un comino generar entre la gente, la
conciencia de que solo en concertación y con el esfuerzo mancomunado de todas y
todos nosotros, se puede salir adelante. Ninguno de los tres candidatos a la
presidencia, punteros en las encuestas, tiene entre sus planes, generar, en la
población peruana, esa conciencia colectiva que tanto nos hace falta. Los tres
candidatos repiten, nuevamente, el mismo esquema tradicional, vertical y
patriarcal, de imposición de modelos, sin considerar el ganarse la voluntad
popular, como paso previo a la implementación de sus planes de gobierno. Pero
de los tres candidatos, uno de ellos quiere ahondar ese modelo vertical,
patriarcal y autoritario, que no ha dado ningún resultado y que si ha generado
muchos de los problemas, que afronta actualmente nuestro país.
El
candidato Ollanta Humala esta primero en las encuestas y su oferta política
consiste, en volver al régimen fallido del dictador Velasco Alvarado, un modelo
patriarcal y autoritario, que busco imponerlo todo desde el poder. Este modelo
además de militarizado, perpetua el orden patriarcal, machista, racista,
sexista y homofóbico que impera en nuestro país. El señor Ollanta Humala ha
amenazado con derrocar el precario estado de derecho peruano e imponernos su
discriminatoria visión de la realidad. No se podía esperar otra cosa de un ex
militar, que cree que la “mano dura” es la solución, a los diversos
problemas nacionales.
Nuestra
incipiente democracia es incompleta, pero tenemos democracia. Dicho orden
incompleto no nació del consenso popular, sino de gobiernos dictatoriales. La
constitución del año 93, se dio bajo el gobierno dictatorial de Alberto
Fujimori, mientras que la del año 79, fue limitada por la dictadura de Morales
Bermudes. Frente a esto, seria insensato no reconocer que nuestro actual modelo
democrático, necesita, con urgencia, una reforma radical, pero de ninguna
manera dicha reforma se puede imponer. Ninguna reforma se puede dar, bajo un
gobierno autocrático y dictatorial. Una verdadera democracia solo puede surgir,
bajo el consenso y el esfuerzo popular, es decir, dentro de una democracia.
Las
propuestas impositivas del señor Ollanta Humala, están condenadas al fracaso,
pues ninguna reforma institucional, ningún cambio social, se consiguió, jamás,
por la fuerza. La imposición de un modelo esta condenada al fracaso. El más
notable ejemplo que nos ha legado la historia reciente, fue el de la estrepitosa
caída de la URSS.
Nuestro
actual modelo democrático, solo podrá mejorar en democracia, creando consensos
y estimulando la participación popular, solo así se creara conciencia
nacional, algo imposible de imponerse desde el poder. Solo el consenso democrático
lograra la integración plena de la sociedad, solo el esfuerzo mancomunado,
colectivo, podrá sacar a nuestro país, de la postración social y económica
en la que se encuentra.
Por
lo tanto, en esta elección, tenemos que votar por quien respete nuestra alicaída
democracia. Si la historia nos ha “enseñado” algo, es que los tiranos
abundan, pero no solucionan nada. Si la historia nos ha “enseñado” algo, es
que la imposición de modelos jamás funciona. Por ello es necesario salvar
nuestra democracia, la que tenemos ahora, no apostar por la “mano dura” de
un ex militar, con aspiraciones a sátrapa venezolano.