
La democracia que no hay que perder.
por
Ho
Amat y León Puño, historiador.
La
historia peruana reciente, dejo una clara lección a los analistas políticos,
ya que desde 1980, la radicalidad discursiva había permitido a muchos
ciudadanos, ser elegidos como parlamentarios. Genero Ledesma, Hugo Blanco,
Javier Diez Canseco y otros líderes de la izquierda más veterana, lograron una
curul, gracias a su verbo incendiario. Más recientemente, el hijo del líder
del Frepap, llegaba al parlamento, tras “endulzar” los oídos de los fanáticos
religiosos de su agrupación política. Inversamente, las elecciones
presidenciales jamás se prestaron, para que la radicalidad discursiva se
hiciera con el poder. En 1980, el APRA y la izquierda perdieron las elecciones
presidenciales, frente a la moderación ponderada de Fernando Belaunde; en 1985,
la izquierda radical volvía a perder, frente a un APRA mas moderado; en 1990,
la coalición del Fredemo perdió estrepitosamente, al enfrentarse un radical
liberal como Vargas Llosa, con el futuro dictador Fujimori y su blandengue
discurso populista.
Para
el año 2000, los asesores políticos peruanos, tenían aprendida muy bien su
lección, es así que las campañas electorales de Alejandro Toledo, Lourdes
Flores y otros postulantes a la presidencia, se realizaron con suma mesura. Al
respecto, es recordable el reclame del candidato de Perú Posible, el actual
presidente Toledo, “encomiando” los logros del chino y ofreciendo construir
el “segundo piso” de su “obra”, es decir, toda suavidad.
No
es casualidad entonces, que el señor Ollanta Humala, portavoz de uno de los
discursos mas violentistas de los últimos tiempos, después de Sendero Luminoso
y el MRTA, fuera radical hasta el año pasado, el 2005, y tras “caer” en las
manos de sus actuales asesores políticos, se hiciera mas moderado y
“comprensivo”. Marketing político dirán los huachafos, puro oportunismo
los que mas.
La
solución de Ollanta Humala para los grandes problemas de nuestro país, se
reducían, hasta el 2005, en su mayoría, a una única y radical solución, el
fusilamiento. Serian fusilados no solo los traidores a la patria, también lo
serian los políticos tradicionales, los empresarios nacionales, los corruptos,
los delincuentes e incluso los homosexuales. De esta manera, metía en un mismo
saco, a personas de lo más diversas, pues ¿que tendrían en común un corrupto
y un delincuente, con un político tradicional probo (que los hay) y un
homosexual? Simplemente nada, puro fanatismo irracional, solo comparable al
antisemitismo de Hitler, quien asesino millones de personas, desde caucásicas a
trigueñas, aduciendo, únicamente, que eran judías.
Ollanta
Humala, hasta el 2005, amenazaba con convertir al Perú, en su feudo
dictatorial, ahora habla de democracia, de asamblea constituyente y de hasta
aceptar ministros homosexuales. La pregunta del millón ¿Por qué creerle?
Es
un hecho de que el Señor Humala tiene la intención de mentir y mentir, presentándose
como “buenito”, para conseguir la presidencia. Su maestro Fujimori lo hizo
antes, en el noventa, cuando prometido no shock y no privatización y zas, nos
endilgo no solo el shock, también nos “enyucó” el hecho consumado de
empresas nacionales, vendidas a precio de ganga. Ollanta Humala miente
descaradamente y cuando llegue al poder, lo mas probable es que se tire abajo la
institucionalidad del país.
¿De
que institucionalidad estoy hablando?, de la precaria y limitada democracia que
tenemos los peruanos. Precaria, por que sus instituciones son tan raquíticas,
que cualquier fantoche aventurero (como lo es Ollanta Humala) puede ponerla en
peligro. Limitada, por que aun como esta, no puede ofrecernos, a todos nosotros
sus miembros, la tan anhelada igualdad de oportunidades. Y sin embargo, es la única
democracia que tenemos. Ella nos ha permitido escoger a nuestros gobernantes y
representantes, aunque aún no nos permita librarnos de ellos. Es por eso que en
esta elección, tenemos que escoger bien a quien le vamos a entregar el poder
político de nuestro país.
Nos
guste o no, es esta disminuida democracia, la que nos ha permitido alcanzar a
nosotros, la población lgbt, ciertas leyes y normas que nos amparan legal y jurídicamente,
además del reconocimiento de instituciones como el tribunal constitucional. Son
logros que no se consiguieron, durante los ocho años que duro la dictadura
fujimontesinista, época en la que se nos pisoteo impunemente (allí están las
denuncias recogidas por el Mhol para probarlo), época en la que se nos persiguió
hasta el cansancio (la persecución llego a su máxima expresión, entre finales
del 95 y principios del 96). Nos guste o no, solo los gobiernos democráticos le
han asegurado a las poblaciones lgbt, en todos los países del mundo,
el reconocimiento de sus derechos. Mientras que en las dictaduras, en los
gobiernos fascistas y militarizados, se nos ha discriminado, marginado y
violentado. Los gobiernos autoritarios y fascistas, las dictaduras de todas las
calañas, siempre y sin excepción, han conllevado a vejaciones y exclusiones,
donde los platos rotos los han terminado pagando, siempre y sin excepción, las
poblaciones más vulnerables, como mujeres, niños, pobres, minorías raciales,
homosexuales, etc.
El
señor Ollanta Humala, hasta el año pasado, amenazaba con traerse abajo nuestra
democracia, imperfecta pero nuestra, ahora se presenta como un demócrata más.
No le creo. Basta ver su plan de gobierno, de donde se desprende, sin lugar a
dudas, que pretende volver al modelo estatizante de Velasco Alvarado, dictador
peruano de 1968 a 1975. Para el postulante a la presidencia del partido UPP, según
lo expuesto en su plan de gobierno, la propiedad privada y el derecho a la libre
expresión no deberían existir. En definitiva, el susodicho señor no es un demócrata,
es el futuro dictador del Perú. Antes del 2006, este mismo señor Ollanta
Humala, hablaba de fusilar homosexuales, aunque ahora habla de ministros gays.
Ustedes decidirán a quien creerle, si al Humala del 2005 o al Humala del 2006.
Yo por mi parte le creo al Ollanta de los fusilamientos, por una simple y
sencilla razón, toda una vida de educación familiar homofóbica (su padre y su
madre son homofóbicos recalcitrantes, hasta ahora) no se borra de un año para
otro, no desaparece tan fácilmente.
Votar
por la democracia es necesario, no hay de otra, y eso no se hará votando en
blanco o viciado, se hará eligiendo a un demócrata. Ollanta Humala no lo es.