La homosexualidad en los Balcanes,
entre la represión y el silencio
por Ricardo Angoso
Coordinador General de la ONG Diálogo Europeo / Agencia de Información
Solidaria
Hasta fechas muy recientes la homosexualidad era perseguida en Albania, Bosnia y Herzegovina, Macedonia, Rumania, Serbia y Montenegro. Las agresiones, descalificaciones e insultos a la comunidad homosexual eran toleradas por los gobiernos y escasamente denunciadas, ya que en los Balcanes la cuestión homosexual era un tabú y se estigmatizaba a los escasos gays y lesbianas que osaban desafiar al discurso imperante, muy condicionado por una Iglesia Ortodoxa muy rígida y homofóbica en sus planteamientos con respecto al sexo. Las cosas tampoco han cambiado demasiado en los últimos tiempos.
País a país
Albania, país donde los musulmanes son la mayoría de población, tampoco era
una excepción a esta regla, ya que la única asociación gay que existe fue
prohibida inicialmente y no se conoce que existan bares gays o locales donde
esta población pueda reunirse libremente. Durante la era comunista, además, el
ser gay o lesbiana era sinónimo de traición y quienes cometían esta “fechoría”
eran arrestados y aislados del resto de la sociedad. Ahora, pese a que existe
una cierta tolerancia, la situación no es mucho mejor, ya que esta tendencia no
se puede exteriorizar socialmente y sigue sin haber lugares para el asueto y
entretenimiento de los gays. Ser gay en un país tan machista y represivo como
Albania es considerado una vergüenza por la mayor parte de los albaneses.
En lo que respecta a Bosnia y Herzegovina, país donde conviven católicos,
musulmanes y serbios ortodoxos, la situación tampoco resulta muy fácil. Hasta
muy poco la condición homosexual era perseguida legalmente y tampoco se
detectaba una gran vida gay, debido sobre todo a que los bosnios viven en pequeños
pueblos y aldeas, donde el control social de la población es total. "Lo
peor en los Balcanes es ser homosexual," dice Kenan Dizdar, uno de los
personajes de la película sobre la guerra de Bosnia "Go West," que ha
producido un fuerte debate sobre uno de los grandes temas prohibidos en la
sociedad de ese país. El odio a los homosexuales persistirá, según este
actor, aunque serbios, musulmanes y croatas dejen de pelear, dice. Y añade:
"Bajarán sus armas, pero seguirán odiando a los homosexuales”.
El filme “Go West" ha sido polémico desde mucho antes de que fuera
hecho. La película sigue a dos hombres homosexuales, un musulmán y un serbio,
que huyen del asedio en la capital bosnia al inicio de la guerra y tratan de
mantener su amor. Grupos conservadores y religiosos atacaron al director Ahmed
Imamovic y Enver Puska, que co-escribió la película. Dijeron que sacaban
provecho del sufrimiento de los musulmanes durante la guerra de 1992 a 1995 para
acaparar una mayor audiencia en occidente."Ustedes están identificando a
la tragedia bosnia y a los 250.000 muertos con la historia de dos
homosexuales," dijo el publicista musulmán, Fatmir Alispahic, en la
televisión el año pasado cuando la película aún estaba siendo editada. La
película tan sólo pudo ser presentada, fuera del concurso, en el último
festival de cine de Sarajevo, donde arreciaron las críticas y los ataques
contra el director y su elenco de actores. Así son las cosas en la “democrática”
Bosnia.
En Macedonia, patria del gay más conocido de la historia de la humanidad, el
emperador y conquistador Alejandro Magno, la situación es muy parecida a la del
resto de los Balcanes, ya que la comunidad gay está escasamente organizada y
tiene muy pocos locales para su esparcimiento. La mayor parte de sus gays,
incluso, añoran Belgrado, debido a la riqueza de la noche en la capital serbia
y a la existencia de algunos locales y bares.
Rumania es, junto con Serbia, uno de los países más homofobos en lo que
respecta a las libertades y derechos de los gays. Tras las protestas
revolucionarias contra Ceausescu, que provocaron la caída del régimen
comunista, las cosas no cambiaron para los gays y decenas de ellos fueron
detenidos, arrestados, juzgados y condenados, muchos a penas larguísimas y en
peores condiciones que los presos comunes. La tortura era una práctica
corriente, según denunciaron algunos activistas de derechos humanos. Luego a
finales de la década de los 90, Rumania endureció su Código Penal, algo en lo
que estaba de acuerdo la Iglesia Ortodoxa, con penas aún más duras para los
gays.
La actuación de los dirigentes rumanos, cuya reforma del Código Penal fue
aprobada por las dos cámaras legislativas, fue condenada por el Parlamento
Europeo, que llega a expresar en una resolución que el legislativo europeo se
siente “Escandalizado por la decisión de la Cámara de Diputados rumana de
endurecer las penas en relación con todas las relaciones homosexuales entre
adultos consintientes”. Y agregaba: “Manifiesta su más viva indignación
con respecto a estas decisiones adoptadas por el Parlamento rumano y condena
cualquier intento de criminalización de las relaciones sexuales entre personas
adultas del mismo sexo”. Más tarde, y tras un rosario de detenciones e
intimidaciones por parte de las fuerzas de seguridad hacia los homosexuales, las
Leyes fueron derogadas, pero con la protesta, claro está, del anciano Patriarca
de Bucarest, que consideraba a los homosexuales los “hijos del pecado”.
Ahora las cosas parecen haber cambiado algo y ya existen algunos locales y
grupos gays en uno de los países más atrasado con respecto a las libertades de
los Balcanes. Luego no olvidemos que el principal partido ultra de Rumania, România
Mare, “acusa” sistemáticamente a determinados políticos de prácticas
homosexuales para desprestigiarlos y es claramente homofobo.
Un ambiente asfixiante, insultante y ultrajante es como podemos definir a la
situación que padecen los gays serbios. Los medios de comunicación son
homofobos, en una gran mayoría, los partidos políticos desatienden las
demandas de los gays y la sociedad considera que los homosexuales son enfermos,
tal como han revelado numerosos sondeos de opinión. Aparte de este cuadro tan
adverso, las agresiones a gays son moneda corriente en la sociedad serbia. El 17
de junio del 2004, en una marcha del orgullo gay organizada en Belgrado, cientos
de personas agredieron e hirieron a decenas de homosexuales que desafiando la
intolerancia querían expresar sus demandas. La policía serbia hizo bien poco
por defender a los gays. Y, además, recientemente se ha desarrollado una dura
campaña del Movimiento Patriótico Obraz en contra de los gays y lesbianas, no
considerándolos ni siquiera ciudadanos por realizar prácticas que ofenden a la
nación serbia. El ambiente, que siempre fue sombrío para los gays de este país,
no deja, como es de suponer, muchas vías de escape y esparcimiento en una
sociedad tan intolerante. Pese a todo, hay señalar que al menos existen ocho
grupos gays y un par de locales tolerados en la capital serbia. Del resto del país
no hay noticias, pero nos imaginamos lo peor.
Datos alarmantes
Quiero terminar estas líneas con los datos de un reciente sondeo publicado en
Serbia sobre la homosexualidad. Según este estudio, recogido por el periódico
Política de Belgrado, la mayoría de la población serbia rechaza a los
homosexuales, asegurando que son "enfermos". El 76,4 por ciento de los
1.500 ciudadanos encuestados por el Instituto Factor Agency asegura que los
homosexuales son "enfermos", mientras que el 54,3 por ciento afirma
que tendrían que "recibir tratamiento médico". Según el sondeo, el
14,5 por ciento de los serbios considera que la homosexualidad tendría que
estar prohibida, mientras que el 10 por ciento pide que los homosexuales sean
"aislados" de la sociedad. Como vemos, los datos no pueden ser más
negativos e implicarán una mayor pedagogía política y sexual por parte de los
europeos para hacer cambiar estas mentalidades atávicas en los Balcanes.