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La asexualidad: la primera revolución del siglo XXI


Tras las diferentes liberaciones del siglo XX, el rechazo al sexo se erige como la nueva trasgresión.


“Aceptada la homosexualidad y la heterosexualidad, la bisexualidad y la plurisexualidad, las lesbianas que hacen el amor con los hombres, los gays que escogen el placer con los heteros, […] la única forma de trasgresión posible es el NO”. Tal y como afirma el sociólogo, escritor y periodista Vicente Verdú en su último libro Yo y tú, objetos de lujo: el personismo, la primera revolución del siglo XXI, la asexualidad, la reivindicación del "no" como opción, es la nueva y paradójica revolución sexual de nuestro recién parido siglo.  

Cuando la sociedad occidental ha aceptado la libertad de elección sexual, cuando las diferentes opciones sexuales son vistas como válidas, cuando hay días para celebrar el orgullo gay y bisexual, la asexualidad se presenta como la alternativa transgresora a todas aquellas opciones personales que toman el sexo como actividad liberadora y placentera.   

En EEUU, como en muchos otros casos, se encuentra la vanguardia de este nuevo movimiento: al principio de los años noventa nació la primera comunidad asexual, la Asexual Visibility and Education Network (AVEN). Es la comunidad asexual “más grande y con la mayor cantidad de recursos e información sobre asexualidad del mundo”, tal y como afirma el responsable de la web, David Jay. “A diferencia del celibato”, afirma Jay, “la asexualidad es una orientación”; es decir, una característica intrínseca a la persona, como la homosexualidad o la heterosexualidad. “Los asexuales tienen las mismas necesidades sentimentales que cualquier otra persona y son tan capaces como cualquiera de establecer relaciones sentimentales”, dice Jay. Pero sin sexo, claro.  

  Pese a todo, los asexuales sí que pueden sentirse atraídos por otras personas, pero no necesitan del acto sexual para llenar sus necesidades afectivas; en su lugar, sienten el deseo de conocer a la otra persona, de acercarse a ella. “Los asexuales que sienten atracción, suelen sentirla hacia un género particular, ya sea gay, bisexual o heterosexual”, afirma el líder de la comunidad norteamericana. Incluso dentro de la asexualidad, hay una preferencia hacia hombres o mujeres, homosexuales o heterosexuales, aunque sólo sea para “establecer relaciones sentimentales” sin sexo.   

Dentro de esta curiosa web, se puede encontrar detallada información: descripción del asexual (relaciones afectivas, atracción hacia las otras personas, identidad), un foro sobre el asunto, una sala de prensa e incluso un tienda on-line donde se puede conseguir merchandising, como camisetas que rezan “…los hombre no me placen…”, por poner un ejemplo. La asexualidad parece que se está constituyendo de esta manera en una nueva forma de construcción identitaria, así como en un incipiente negocio.   

Por el momento, no se conocen comunidades de asexuales conformadas abiertamente en España. No obstante, dada la rapidez con la que corre actualmente la información en nuestra sociedad globalmente conectada, es más que probable que pronto nazca en nuestro país la primera cuña pública de esta primera revolución sexual del siglo XXI.