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El Museo Gay de Berlín homenajea al director de cine italiano Luchino Visconti
(1906-1976) con un muy personal recorrido por su cinematografía y biografía, que
dedica especial atención a sus amores homosexuales.
Cuando se cumplen cien años del nacimiento de uno de los
precursores del Neorrealismo italiano, el 'Schwules Museum' ha organizado una
retrospectiva sobre 'un aristócrata, con una preferencia evidente por lo
masculino, pero cuyos amantes a duras penas soportaban su arrogancia', explicó
hoy Wolfgang Theis.
El comisario de esta muestra, que abre sus puertas al público
el jueves, está convencido de que este conde italiano profundamente lírico
'vivió su homosexualidad en la década de los sesenta como algo prohibido y de lo
que tenía que avergonzarse, acercándose a ello de forma trágica a lo Oscar Wilde'.
Aparte de su sexualidad, también su séptimo arte se vuelca en
la tragedia y decadencia, ya sea la de su propia clase social como queda
reflejado en una de sus obras maestras, 'El gatopardo' (1963), o la del
proletariado, como en 'Rocco y sus hermanos' (1960).
Entre más de 250 fotografías, cartas y sobre todo citas,
Wolfgang Theis intenta ilustrar la vida y obra de Luchino Visconti: su relación
con Marlene Dietrich o sus amores con Franco Zeffirelli y el actor Helmut Berger.
Del apuesto galán austríaco se recoge una cita ilustrativa
sobre la contención de Visconti: 'En público Luchino nunca se mostró
especialmente afectuoso conmigo, tampoco en casa (...) Sólo en París, donde
vivíamos en el Barcleys Hotel, y sin su mayordomo.
Nuestra relación fue cariñosa y discreta'.
Las investigaciones de Theis apuntan a que Helmut Berger era
un 'ser caprichoso' y vienen a confirmar la tesis de que 'cuando se comprometía,
lo hacía con aquellos a los que no podía poseer', ya fueran hombres casados como
Massimo Girotti o comprometidos como Alain Delon (por entonces con la actriz
Romy Schneider).
El modesto recinto que mantiene la Asociación de Amigos del
Museo Gay en el barrio multicultural de Kreuzberg, donde ya han homenajeado a
Oscar Wilde, Marlene Dietrich o Thomas Mann por sus inclinaciones homosexuales,
dedicará hasta el 17 de marzo sus esfuerzos a dar a conocer la turbulenta
personalidad de Visconti.
Desde su admiración inicial hacia el Fascismo, que se refleja
en su pasión por los desfiles y los uniformes militares, 'y de la que luego se
avergonzará' -explica Theis-, hasta su entrega a la causa izquierdista cuando
empezó a trabajar en París como ayudante de dirección de Jean Renoir.
Entre sus influencias literarias destacan Thomas Mann o Marcel
Proust y entre las musicales Richard Wagner y Gustav Mahler.
Visconti, hijo de una acaudalada familia lombarda y que nunca
tuvo problemas de dinero, comenzó su carrera en el teatro, y se hizo famoso con
las cinco óperas que escenificó en la Scala de Milán 'para servir a la Callas',
como dijo entonces.
En el séptimo arte, cuyos rudimentos aprendió de Renoir,
debutó en solitario con 'Ossesione' (1943) y 'La terra trema' (1948), una obra
sobre la explotación y las luchas de clases en un poblado de pescadores, donde
utiliza por primera vez actores no profesionales.
Indispensable para entender su homosexualidad es el filme
'Muerte en Venecia' (1971), la versión cinematográfica de la novela de Thomas
Mann sobre la pasión de un músico maduro por un joven.
Quedaron en el tintero sus deseos de llevar a la pantalla 'La
montaña mágica' o 'Tonio Krueger', también de su venerado Mann.
'Casi todas sus obras tuvieron problemas con la Fiscalía',
explica Theis, 'y no fueron pocos los escándalos que desataron filmes demasiado
aparatosos para el cine comercial', por no hablar de las injerencias de
productores y distribuidores, que cortaron sus obras.
No fue hasta después de su muerte, hace ahora treinta años,
que se han recuperado los montajes originales de 'Senso' (1954), 'El Gatopardo'
y 'Luis II de Baviera' (1972).
Desmenuza en éstas la decadencia social y la desorientación
moral el Visconti al que unos tachan de profundamente pesimista, otros ensalzan
por tener la suficiente sensibilidad para reconocer la injusticia social y aún
otros, los que le veneran como Fassbinder, directamente le consideran el
Shakespeare del celuloide. |
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