¿Es la fe una cuestión genética?

Científico anuncia el descubrimiento del "gen de Dios"

El científico norteamericano Dean Hamer considera que la religiosidad y las creencias están en relación con el ADN y no con la gracia, la educación o el ejemplo

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Dean Hamer, director de la unidad de regulación de la estructura genética en el Instituto Nacional para el Cáncer, de Washington,  asegura haber descubierto lo que denomina el «gen de Dios». El científico que es conocido por haber anunciado, hace algunos años, la existencia de un "gen gay" acaba de publicar un libro donde explica su teoría.

De acuerdo a la explicación de Hamer, los seres humanos tendrían más o menos tendencia a la religiosidad en la medida en que se expresa ese gen.  Los teólogos cristianos, como era de esperar, han rechazado el estudio.

Como se encontró el "gen de Dios"

Dean Hamer,  reunió a un grupo de voluntarios para realizar su estudio y les pidió que respondieran a 226 preguntas para determinar su nivel de espiritualidad, la intensidad de sus creencias y vivencias religiosas.

Después de realizar un profundo análisis de los datos obtenidos en su encuesta, incluyendo la comparación de más de dos mil muestras de ADN, llegó a la conclusión de que la capacidad de una persona para creer en Dios está relacionada con la química cerebral.

En los tests realizados por el científico americano, cuanto más alta es la puntuación, mayor es la disponibilidad de una persona para creer en una gran fuerza espiritual. Paralelamente, ha encontrado que en estas personas la probabilidad de compartir el gen VMAT2 también es mayor.

Asimismo, los estudios en gemelos demostraron que los que tenían ese gen -un transportador vesicular de monoaminas que regula el flujo de elementos químicos que alteran el cerebro- tenían mayores probabilidades de desarrollar creencias religiosas. Una prueba adicional que refuerza la idea del «gen de Dios». Sin embargo, crecer en un ambiente religioso tiene poco efecto sobre las creencias, según los mismos tests, lo que limita el alcance de la educación y del ejemplo, factores decisivos en el proselitismo de todas las confesiones religiosas.

Hamer considera que «Buda, Mahoma y Jesús compartían todos una serie de experiencias místicas o alteraciones en la consciencia, y por ello probablemente portaban este gen. Eso significa que la tendencia hacia lo espiritual es parte de la configuración genética. Esto no es algo que pase estrictamente de padres a hijos. Podría saltarse una generación; es como la inteligencia».
 

Las crticas

Las tesis de Hamer han sido criticadas por los líderes de distintas confesiones, quienes se resisten a aceptar la existencia de un «gen de Dios». Algunos consideran incluso que esa investigación mina uno de los principios fundamentales de la fe, según el cual la profundización en la religiosidad es resultado de la gracia divina, y no de determinado azar genético y su resultante en forma de impulsos eléctricos cerebrales.

El reverendo John Polkinghorne, miembro de la Royal Society y teólogo canónigo en la catedral de Liverpool, ha afirmado que «la idea de que existe un gen de la religiosidad va contra mis convicciones teológicas personales. No se puede reducir la fe al mínimo común denominador de la supervivencia genética. Esto demuestra la pobreza del pensamiento reduccionista».

Por su parte, el reverendo Walter Houston, capellán del Mansfield College en Oxford y profesor de Teología, comentó que «la creencia religiosa no está relacionada sólo con la constitución de una persona, sino también con la sociedad, la tradición, el carácter; todo cuenta. Poseer un gen que puede hacer todo eso me parece bastante improbable».

Hamer considera que su investigación, de carácter estrictamente científico, no se opone a la creencia en Dios. “Las personas religiosas pueden señalar la existencia del gen de Dios como un signo más del ingenio del creador, una forma inteligente de ayudar a los humanos a reconocer y abrazar su presencia divina”, añadió.

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El "gen gay"

En 1993, el Dr. Dean Hamer anunció que había encontrado una correlación entre la herencia de marcadores genéticos (ADN) en el cromosoma X (región Xq28) y la orientación sexual entre un grupo selecto de hombres homosexuales y sus familiares mayores de 18 años.
 
En otras palabras, "parece que Xq28 contiene un gen que contribuye a la orientación homosexual en los varones". En su libro, el Dr. Hamer afirma, "Únicamente podemos adivinar en cuanto a la importancia de Xq28 en la población en general". Él concluye que "Xq28 tiene alguna influencia en aproximadamente de un 5 a un 30% de hombres gay.
 
La enorme fluctuación en estos cálculos es comprobante de que todavía queda mucho por hacer". Los científicos cuestionan la validez de estos resultados y lo que con ello se intenta demostrar.
 
Al Dr. Hamer se le ha acusado de llevar a cabo estudios inapropiados y de haber excluido del estudio a aquellos hombres cuyos antecedentes genéticos no concuerdan con  sus resultados.
 
Un estudio subsecuente de la Universidad de Ontario Occidental "no encontró un patrón consistente de similitud de ADN en el cromosoma X.".

 

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