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Una doble vida
No sólo quienes tienen trastorno de la personalidad llevan una doble
vida; esta particular forma de vivir ha sido asumida por muchos a lo
largo de la Historia, siempre ocultando el aspecto de la vida que
socialmente era mal visto o les traería problemas con su entorno,
teniendo que asumir un rol que no les correspondía y en muchos casos
detestaban. En algunos contextos como el político se ocultaba la
parte socialmente menos atractiva para dar paso a la dominante. En
el caso de la sexualidad, vivir una doble vida, por ejemplo, sería
aparentar heterosexualidad, es decir, la sexualidad “dominante”
frente a la homosexualidad. Cada vez menos gais y lesbianas deciden
llevar una doble vida y gozar de su parte afectivo-sexual en la
tenue oscuridad o no gozarla plegándose al celibato.
Muchos dicen que estamos viviendo una de los mejores momentos de la
Historia de la consecución de derechos a la población LGTB, donde
todos nos respetan y muchas empresas progres quieren tener a un gai
o lesbiana en sus filas. De un tiempo a esta parte, quizá bajo el
manto de la igualdad de derechos, algunos heterosexuales masculinos,
a los que he denominado heterogais, están jugando con una dosis
calculada de ambigüedad. Esta forma de vida se esta extendiendo en
todos los contextos donde, por suerte, nadie tiene que ir
aparentando más masculinidad que la propia por no parecer
homosexual. Creo que este es el principio del fin de la doble vida;
claro que para hacerla extensiva a cada rincón de España se
necesitarán muchos referentes.
Homosexualidad y heterosexualidad en el S.XXI
Miedos y
prejuicios
Este pasado verano, el Equipo de Salud de la Fundación Triángulo
Canarias ha estado a pie de calle, llevando a cabo la campaña
estival de prevención del VIH e ITS y topándose con la realidad que
vive el colectivo gai actualmente en nuestra comunidad autónoma. Por
ello ha tenido la oportunidad de hablar con la gente de la calle y
escuchar testimonios en primera persona de gais que viven en las
Islas, lo que les ha permitido conformar una visión más global, o,
por lo menos, una aproximación, de cómo se concibe y se vive la
homosexualidad en Canarias en los inicios del siglo XXI; al mismo
tiempo han observado los diferentes enfoques, que,
sorprendentemente, varían en un espacio geográfico tan reducido como
nuestro archipiélago.
El coordinador del Equipo de Salud de Fundación Triángulo Canarias,
Iván Socas, señala que “aún existe cierto miedo a admitir que se es
gai o lesbiana, sobre todo en el entorno laboral y familiar; te
encuentras con testimonios verdaderamente asombrosos como el de un
joven canario que vive su homosexualidad reprimido en el ámbito
familiar”: “Tengo 32 años, soy gai, pero tengo novia sólo para
aparentar, mi familia no lo sabe, vivo con mis ocho hermanos y son
homófobos”.
Entre las zonas elegidas para realizar la campaña se encontraban las
de cruising, término que se usa para designar el acto que consiste
en mantener un contacto sexual con un desconocido, generalmente en
un espacio abierto que suele ser frecuentado para tal fin. El equipo
se desplazó a una céntrica avenida lagunera donde prácticamente cada
noche numerosos hombres acuden en busca del placer efímero; allí,
apenas sin descender de sus coches y con la discreción que buscan
casi garantizada, encuentran ese escape tan necesario para vivir la
que es su verdadera sexualidad.
Socas relata el testimonio de un joven que llevaba una doble vida,
haciendo pública una aparente heterosexualidad y soterrando su
realidad homosexual: “Tengo un novio y una novia, mi familia y
amigos desconocen que tengo novio y en mi trabajo, obviamente, nadie
lo sabe”. Por otro lado, Socas reconoce que “durante nuestro
recorrido por distintos puntos de la geografía canaria, observamos
diferencias espaciales en el grado de libertades sexuales así como
en la tolerancia hacia la diversidad afectivo-sexual, siendo el sur
de la isla de Gran Canaria el lugar donde ésta se hace más notoria
por parte de sus habitantes y transeúntes”.
Esta campaña de la Fundación Triángulo ha puesto de relieve, sin ser
su inicial objetivo, los miedos y prejuicios tanto de homosexuales
como heterosexuales que, contra lo que se podría pensar, continúan
aún presentes en una sociedad que, paradójicamente, presume de
moderna y avanzada.

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