Ibon Zubiaur imparte clase en la
Universidad de Tubinga, en Alemania, y acaba de
publicar un libro sobre el origen del debate
filosófico acerca de la homosexualidad, a partir
de los textos de tres autores centroeuropeos en
la segunda mitad del siglo XIX. En una
entrevista concedida a este periódico, Zubiaur
alerta sobre la imposibilidad de utilizar
argumentos racionales con quienes mantienen
sentimientos homófobos.
-Hay testimonio de relaciones entre personas del
mismo sexo desde la Antigüedad. ¿Cómo es posible
que haya que esperar hasta el XIX para que se
defina la homosexualidad?
-Porque sólo a nuestra sociedad burguesa
contemporánea se le ocurre que esos contactos
respondan a una naturaleza diferente de un
determinado tipo de personas. O que la mayoría
de las personas tienda por naturaleza sólo al
sexo opuesto. Hallamos esos testimonios en todas
las grandes culturas, pero sólo la nuestra
desarrolla una categoría identitaria a partir de
esa preferencia sexual (por los varones o por
las mujeres). Los conceptos de 'homosexual' y
'heterosexual' los introduce Karl Maria Kertbeny
en 1869.
-En el debate del XIX algunos 'especialistas'
dicen que los homosexuales tienen
características específicas en sus órganos
sexuales. ¿Cómo se pudieron decir en público
semejantes cosas?
-Es que también hoy abundan desvaríos de ese
pelo: los 'especialistas' pueden decir tonterías
como cualquier otra persona. Un discurso no es
científico por el título o la profesión de quien
lo enuncia, sino por estar sujeto a prueba y
verificación. Ante cualquier discurso, lo que se
impone es un examen crítico y abierto de sus
premisas, sus datos y sus argumentos.
-Con un liberalismo emergente que plantea la
reducción del papel del Estado, ¿cómo se
entiende una intromisión en un ámbito tan
privado?
-En general, desde el siglo XIX se asiste a una
creciente regulación de la privacidad. No sólo
con respecto al sexo: el Estado puede hoy
retirar la custodia a unos padres porque su hijo
pesa cien kilos, por ejemplo. Los textos que
presento ilustran un cambio de paradigma: si
hasta el siglo XIX el sexo antinormativo era
competencia de teólogos y juristas (como pecado
y delito, respectivamente), cada vez más se
considera asunto de médicos y psiquiatras (casi
siempre como patología).
-Los estudios sobre la vida cotidiana hablan de
una enorme promiscuidad sexual durante la Edad
Media y después. ¿Por qué no afectó también a la
consideración de las relaciones entre personas
del mismo sexo como 'normales'?
-En cierto sentido, puede que fuera así. Cuando
los tratados ascéticos y manuales de confesión
coinciden en examinar el deseo hacia el propio
sexo, es porque se considera una posibilidad
'normal' en cualquier persona (otra cosa es que
su práctica pudiera llegar a costarle a uno la
hoguera en caso extremo). Cuando el modelo
dominante es que 'la carne es débil' y que todo
el mundo puede sucumbir a la tentación en
asuntos sexuales, se genera también una forma de
tolerancia ante esas posibilidades diferente a
cuando se consideran excluidas de antemano en
las personas sanas.
Debate abierto
-¿Qué actitud adoptó la Iglesia ante
esa irrupción del debate homosexual en la agenda
pública?
-Más o menos la que sigue manteniendo hoy día.
Lo interesante es que la Iglesia católica en
particular pone mucho empeño en sostener que la
homosexualidad no es un destino innato, sino una
opción responsable, para así poder condenarla
como vicio. Al mostrar en este libro cómo y por
qué hemos llegado a creer que la orientación
sexual constituye un rasgo estable, coincido con
ellos en parte: hay quien se acuesta con
personas de su propio sexo (o del otro) no
porque su naturaleza le obligue a ello, sino
porque le da la gana. Y lo encuentro estupendo.
-¿Está ya cerrado el debate y se admite la
homosexualidad como opción sexual normal?
-La filosofía y las ciencias humanas no han de
cerrar debates sobre valores; más bien deben
abrirlos. Pueden mostrar que las relaciones
homosexuales están presentes en todas las
grandes sociedades y en el reino animal, que no
hay diferencias entre quienes las practican y
quienes practican el sexo heterosexual, que
ninguna de estas prácticas afecta negativamente
a la salud, que la sexualidad humana es diversa
y plural...
-Hay quien sigue criticando todo eso con extrema
dureza.
-Ante quien insiste en que le parece mal que dos
hombres se besen, frente a la homofobia
contumaz, el discurso racional ya poco puede,
salvo oponerse a que se extienda a la
legislación o a que genere discriminaciones en
la vida real de las personas.
-¿El fin del sexo con objetivo sólo reproductivo
ha afectado a la aceptación de la
homosexualidad?
-Desde luego, constituye un paso esencial.
Reducir la sexualidad humana a la reproducción
es simplemente degradante. Para los que pensamos
que la sexualidad es un ámbito de encuentro y de
respeto, de enriquecimiento mutuo y de disfrute,
cualquier fórmula entre personas libres es igual
de válida. Y si hay quien cree que es algo sucio
pero inevitable, sólo cabe oponerse a que
proyecte sus fantasmas sobre los demás.
-¿Por qué la persecución de la homosexualidad ha
sido especialmente intensa en las sociedades
regidas por gobiernos totalitarios?
-Porque todos los totalitarismos coinciden en
negar la diversidad humana y en proclamar un
modelo uniforme para la conducta de sus
súbditos. Para muchos de entre quienes
consideran que el modelo familiar tradicional es
el pilar de nuestra sociedad (aunque hoy sea
minoritario y otras sociedades conozcan modelos
muy distintos), la diversidad sexual constituye
la peor amenaza (de ahí las proclamas
apocalípticas que venimos escuchando), y
desearían impedir que otras alternativas
aparezcan como legítimas y disfruten de los
mismos derechos. Toda diversidad viene a ser
antitotalitaria y todo totalitarismo tiende a
sofocarla, aun sin llegar a los 'campos de
trabajo' en la Cuba castrista y la Alemania
nazi.
-¿Se entiende el mundo de manera diferente según
la orientación sexual de cada uno?
-Directamente, desde luego, no. Otra cosa es
que, en un entorno en el que ciertas conductas o
gustos son perseguidos, quienes comparten éstos
desarrollen una sensibilidad común en más de un
punto. Los gustos por sí mismos no conllevan una
determinada visión del mundo, pero su
persecución convierte a gentes muy distintas en
heterodoxos. Y, así como la censura obliga a
aguzar el ingenio, la imposibilidad de vivir
libremente sus deseos sexuales parece haber
estimulado los talentos artísticos de muchas
personas o su conciencia política.
http://www.elcorreodigital.com/alava/20080211/cultura/discurso-racional-poco-puede-20080211.html