Saunas gay de
Nueva York se convierten en clubes de sexo
Los dos saunas que están
abiertos las 24 horas en NY perduran como el lugar para el
sexo sin compromisos. Allí se alquilan pequeñas habitaciones
para tener encuentros sexuales a un costo de 21 dólares por
cuatro horas, después de pagar una cuota de membresía anual.
Ser miembro tiene sus beneficios...
Con apenas
una pequeña toalla blanca a la cintura y una amplia sonrisa,
Bob ronda los oscuros salones del East Side Club, mirando
hacia el interior de pequeños cuartos, del tamaño de un
armario, y esperando que el contacto visual con otro hombre
lo lleve al sexo.
«Es mejor que ir a un bar y arriesgarse», dice Bob, vendedor
de artículos de jardín de 46 años oriundo de Nueva Jersey,
quien se negó a dar su apellido. «Aquí uno sabe que algo
siempre va a ocurrir», agregó.
Para algunos gays, las dos casas de baños que están abiertas
las 24 horas -el East Side Club, en el centro de Manhattan,
y el West Side Club, de Chelsea- perduran como el lugar para
el sexo sin compromisos a pesar de una reciente moda en
favor de los encuentros gestados por Internet.
Los hombres alquilan las pequeñas habitaciones para tener
relaciones sexuales a un costo de 21 dólares por cuatro
horas, después de pagar una cuota nominal de membresía al
año.
Los saunas, que quedaron fuera de la escena gay a mediados
de la década de 1980 cuando la ciudad clausuró la mayoría
para contener la propagación del sida, todavía les ofrece a
los clientes algo que un bar o Internet no puede brindar:
sexo casi garantizado en un ambiente seguro.
«En un sauna uno conoce a una persona de cerca en un
ambiente relativamente seguro y limpio donde todo el mundo
tiene las mismas intenciones», dice Bill Stackhouse,
director del Instituto para la Salud de los Hombres Gay,
perteneciente a Crisis de Salud de los Hombres Gay, un grupo
que lucha contra el sida en Nueva York. «Es más seguro que
Internet, donde todo lo que tienes es una foto y tal vez un
poco de material en video antes de ir a la casa de alguien»,
dijo Stackhouse.
La gestión de un negocio con el sexo como propósito viola la
ley estatal. Los funcionarios de la ciudad dicen que
inspeccionan los saunas, pero que la ley no les permite
mirar en el interior de las habitaciones rentadas.
«No accedemos a las áreas privadas dentro de los
establecimientos, en tanto que `privadas` significa a
puertas cerradas», dice Isaac Weisfuse, subcomisionado del
Departamento de Higiene y Salud Mental de la Ciudad de Nueva
York.
Varios funcionarios, consultados acerca de por qué la ciudad
hace efectivamente la vista gorda sobre los saunas, se
negaron a formular declaraciones. En el despacho del alcalde
Michael Bloomberg también se negaron a formular
declaraciones.
Una picazón que hay que quitarse.
Los dos clubes son propiedad del empresario Ancil Brown,
quien rechazó una petición de una entrevista, pero los
gerentes de los clubes permitieron que un reportero
recorriera las instalaciones y entrevistara a los clientes.
Cerca de la medianoche de un sábado en el East Side Club,
docenas de hombres de mediana edad rondan por los
laberínticos pasillos, esperando tener sexo anónimo.
Escaleras abajo, cinco hombres esperaban en el vestíbulo
para entrar, luciendo tan comunes como cualquier grupo de
padres esperando en un consultorio dental.
Peter, de 57 años, un contratista de la construcción de
cabello gris, concurre al East Side Club una vez cada dos
semanas y lo viene haciendo desde hace años. «Tienes esa
picazón y es bueno rascarla», dice Peter, quien tampoco
quiso dar su apellido.
«Todavía hay un lugar a donde ir para hacerlo. Deberías ver
este lugar a las 6 (de la tarde), antes de que todos los
hombres regresen a sus casas con sus esposas», agregó.
Matthew Verrinder | Reuters
Publicado en AG Magazine
http://agmagazine.com.ar/index.php?IdNot=571