Hércules tiene el mérito de definir
algunos de los elementos más característicos
del peplum: el villano es un tirano que
oprime a la indefensa población civil, y el
héroe (en este caso Hércules) es quien toma
a su cargo la misión de luchar contra la
opresión, por la causa de la libertad. El
héroe viste generalmente un simple faldellín
y no porta armas consigo; su gran defensa es
su fuerza sobrehumana. También hay un
tratamiento irreal de los elementos
mitológicos, sin ninguna preocupación por la
exactitud y la erudición. Y en general, el
ambiente es distendido, de aventura.El gran éxito de Hércules hará que se ruede una segunda parte llamada Hércules y la Reina de Lidia (1959), repitiéndose el protagonismo de Steve Reeves. Los italianos montan entonces una verdadera industria de peplum, que reciclará una y otra vez los mismos escenarios y vestuarios para filmar una seguidilla de películas de entretención masiva. El éxito en el extranjero de estos filmes se ve potenciado por la tendencia contemporánea hollywoodense a rodar grandes películas épicas para competir con la televisión por vía de incrementar la espectacularidad de los filmes; es la misma época de Doctor Zhivago, Lawrence de Arabia, El Cid, Genghis Khan, e incluso productos bastante cercanos al peplum, como es el caso de El manto sagrado, Quo Vadis, Los diez mandamientos, Cleopatra, Espartaco, y La caída del Imperio Romano. Sin embargo, estas aproximaciones colosalistas al cine "de romanos" se distancian bastante del espíritu más simple de los filmes auténticamente peplum. La crítica estadounidense acuñará para estos últimos el irónico mote de muscleman epic.
La
excesiva reiteración de argumentos, y la
evidente pobreza de medios de los filmes
peplum, terminaron por extenderle la partida
de defunción. Así, en 1964 se rueda la que
se considera la última película de la
hornada peplum, por reunir a los grandes
héroes del género en un mismo filme:
Hércules, Sansón, Maciste y Ursus. Sin
embargo, las películas "de romanos" de bajo
presupuesto seguirían rodándose incluso
hasta comienzos de los '80.
Aún así, la influencia del peplum en el cine popular ha sido bastante importante. Aunque el peplum fue sepultado por la aparición del spaghetti western, este nuevo género fílmico tomó varios elementos del peplum, incluyendo el protagonista errante que viaja de lugar en lugar, librando en cada pueblo una batalla contra la opresión.
También es de destacar el éxito de las series de televisión Hércules y Xena en plenos noventas, series que en el fondo eran reediciones de las antiguas películas peplum, con efectos especiales modernos y tramas algo más remozadas.
En el año 2000, el director Ridley Scott volvió a la gloria, después de años de oscuridad, con su filme Gladiador. En esencia, el argumento está calcado de La caída del Imperio Romano, y en espíritu, es en realidad un peplum de alto presupuesto. El éxito de este filme, y de El Señor de los Anillos, que pese a no ser un peplum sino fantasía heroica, está realizado con similares efectos especiales por computadoras que requeriría un filme peplum real, reavivó el interés de los grandes estudios por el género. De este modo se rodaron Troya de Wolfgang Petersen, Alejandro (sobre Alejandro Magno) de Oliver Stone, y la serie de televisión Roma, de HBO.
Estas realizaciones son en muchos aspectos una revisión del cine peplum, pero no comparten su esencia de ser producciones de bajo presupuesto, casi artesanales en muchos casos, y con historias sin un gran desarrollo.

Peplum es un género
cinematográfico, que puede conceptualizarse como una película de
aventuras, ambientada en la Antigüedad, en especial -aunque no
excluyentemente- en la época greco-romana. El término fue acuñado por la
crítica francesa en los años
60,
usando
el nombre de una prenda de vestuario muy
frecuente en tales filmes, la llamada latinizadamente "peplum",
(del
griego "πεπλον" -peplo-),
especie de túnica sin mangas abrochada al hombro.


















