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Tom Cruise, Brad Pitt y Johnny Depp , los galanes mas
cotizados del cine actual, ya tienen más de cuarenta años y, a decir
de los entendidos, no se
aprecia en el panorama actual actores que puedan convertirse en su
sucesores.
El
próximo 18 de diciembre Brad Pitt cumplirá 43 años, Johnny Depp los
cumplió el 9 de junio pasado, George Clooney festejó su cumpleaños
número 45 el 6 de mayo, Tom Cruise los alcanzará el año próximo y
Keanu Reeves, el "joven" Neo de Matrix, acaba de alcanzar la
edad de 42 años.
En efecto, las estrellas más fulgurantes del firmamento de Hollywood
ya califican casi como galanes maduros -a pesar de que un par de
ellos, como Pitt y Depp, parezcan haber dado con la fórmula de
Dorian Grey-, y parece ser tiempo de empezar a buscar a sus
reemplazantes.
La industria del cine norteamericano es bastante más
indulgentes con la edad de los hombres que con la de las mujeres,
pero aun así, siempre anda en la búsqueda de la próxima gran
estrella, del hombre que combine talento para actuar, belleza física
y sobre todo, carisma.
No dan la talla o
no les interesa
En
la opinión de muchos entendidos,
a
primera vista, ninguno de los actores menores 30 o alrededor de esta
edad puede considerarse sucesor natural de los actuales reyes de la
pantalla. Tomemos un ejemplo y comparemos a Orlando Bloom ( El
señor de los anillos ) con Johnny Depp, quienes comparten
pantalla en la saga de Piratas del Caribe . Sin duda
Depp gana la competencia pues el veterano tiene los pómulos más
pronunciados y casi borra de escena al joven actor británico a
fuerza de interpretación y carisma. Si hasta heroína romántica de
Bloom en los filmes de piratas, Keira Knightley, parezca más
interesada en el corrupto capitán Jack Sparrow (Depp) que en el
noble Will (Bloom) . Lo mismo le pasó a Bloom respecto de Brad Pitt
en Troya , película que es casi un muestrario de belleza
masculina; allí el más joven sufrió una derrota aplastante por parte
del novio de Angelina Jolie.
En el intento de resolver esta encrucijada en la que se encuentra el
cine de Hollywood, hay quienes pusieron sus esperanzas en un
muchacho que el año pasado algunos de los besos mas
apasionados con otro hombre que se hayan visto en el cine en
Secreto en la montaña : Jake Gyllenhall.
En
la nota de tapa de la revista dominical del New York Times
escrita por una de sus editoras, Lynn Hirschberg se lee
"Empezamos a discutir sobre hombres, específicamente sobre actores
norteamericanos entre los 20 y los 30 años que estén en alza, la
próxima generación de superestrellas después de la troika Pitt/Cruise/Clooney.
La discusión pronto se transformó en una especie de adivinanza: ¿qué
actor puede o debe unirse al panteón de las estrellas de cine? «Jake
Gyllenhaal es un candidato», acordaron todos. «Y también está...».
No hay nadie más".
Lo malo es que tanto Gyllenhaal como su compañero en Secreto en
la montaña , Heath Ledger, parecen preferir el cine
independiente. Es más, Ledger prefiere atenuar sus atributos
físicos, y aunque participará del próximo Batman , lo hará
como el Guasón. Al parecer, como Leonardo Di Caprio, el australiano
Ledger eligió ser un actor de carácter más que un galancito.
Con sus papeles en Titanic y en el Romeo + Julieta
de Baz Luhrmann, DiCaprio tuvo casi asegurada una carrera como
el sucesor de Pitt o de Clooney. Pero, después de la locura
adolescente que generó el film de James Cameron, decidió,
literalmente, bajarse de ese barco y retomar el camino que lo había
llevado a su primera nominación al Oscar buscando papeles como el de Arnie,
el débil mental que interpretó en ¿Quién ama a Gilbert Grape?, justamente
al lado de Johnny Depp.
Otros que pudieron subirse al transatlántico que DiCaprio dejó pasar
fueron los socios y amigos Matt Damon y Ben Affleck. En
el caso de estos ganadores del Oscar, que consiguieron por su guión
de En busca del destino , el camino al estrellato comenzó al
revés de la mayoría. El premio los convirtió de actores
desempleados en los más solicitados de la industria. Pero lo cierto
es que, a pesar de ser conocidos en todo el mundo, ninguno de los dos
llegó a la categoría de superestrella que puede garantizar un éxito
de taquilla con sólo aparecer en pantalla.
Una serie de fracasos estrepitosos y más presencia en las revistas
del corazón que en los departamentos de casting por el lado de
Affleck, y una evidente falta de empuje y voluntad por el de Damon
hicieron que el par quedara como la poco glamorosa generación
intermedia entre los reinantes cuarentones y los flojos veinteañeros.
Vienen los británicos
Ante la falta de interés y carisma de los actores norteamericanos
por alcanzar el tipo de estrellato que hace que el inminente
casamiento de Cruise y su novia sea tratado como un asunto de
Estado, otros países de habla inglesa se están aprovechando.
Ante el déficit de galanes que sufre el país que le dio al mundo a
Clark Gable, los británicos vieron la oportunidad de imponer sus
propios candidatos. Al mencionado Bloom hay que agregarle a Colin
Farrell, que por más esfuerzo que hagan sus encargados de relaciones
públicas, todavía no consiguió éxito en la taquilla con sus
películas comerciales ni convence a los críticos cuando elige filmes
de corte más artístico. Algo mayor que Farrell, que tiene 30 años, y
con una belleza más clásica para los estándares de Hollywood, Jude
Law se sumó a la lista. El hecho de haber sido nombrado el hombre
más sexy del planeta por la revista People acercó a Law al
Olimpo de los dioses Pitt, Depp y Clooney, pero sus repetidos
fracasos de taquilla lo devolvieron a la tierra. Tampoco ayudó a su
causa que el romance con la actriz Sienna Miller terminara en
escándalo por la infidelidad cometida con la niñera de sus chicos.
Y aunque Daniel Craig esté a punto de debutar como James Bond, el
papel masculino más sofisticado que ofrece la industria del cine, su
aspecto de boxeador rubio y las incesantes críticas de los fanáticos
del espía británico lo dejan mal parado. Lo mismo le sucede a otro
británico que Hollywood quiso coronar y no pudo: Clive Owen. Con 42
años y una extensa carrera en el teatro de su país, Owen tiene más
puntos de contacto con actores de carácter al estilo de Gene Hackman
que con una megaestrella como Pitt. Pero no está todo perdido
para
los súbditos de la reina: puede que su salvación no llegue de las
tablas teatrales sino desde el césped de una cancha de fútbol ya
que, según el diario británico The Sunday Times, existe un
plan secreto para convertir a David Beckham en la próxima gran
estrella de acción de Hollywood.
Robert FX Sillerman, que amasó su fortuna explotando las imágenes de
Elvis Presley y Muhammad Ali, está armando una estrategia, conocida
en los pasillos de la industria del cine como el "Plan B", para la
futura carrera del futbolista. Aunque todavía falta completar la
estrategia, todos esperan que parte de ella implique que el rubio de
31 años aprenda a actuar. La idea es que un entrenador de voz le
enseñe el acento norteamericano y a cambiar su planos tonos
metrosexuales por un decir algo más profundo y de mayor volumen.
Beckham comenzaría con pequeñas apariciones, cameos en películas
importantes.
Down Under
Mientras
los productores y directores de Los Angeles ponían la mira en Gran
Bretaña, un par de inmigrantes legales de Australia tomaron la
delantera en una carrera que nadie parece querer ganar. Eric Bana
protagonizó Hulk , se robó Troya como Héctor y fue el
elegido por Steven Spielberg para protagonizar la polémica Munich
, pero el hombre nunca quiso abandonar su Melbourne natal por la
plástica Hollywood y sus comienzos como comediante no lo prepararon
para ser ese galán que Hollywood necesita.
Tal
vez el que más se acerque a ese indefinible ideal sea Hugh Jackman,
por estos días el actor más solicitado de la industria. En 2006 hizo
más de siete películas y entre 2007 y 2008 prepara otras tantas en
las que ocupará, alternativamente, el lugar de héroe de acción,
romántico y animado. Pero con su talento para la comedia musical,
sus nuevos proyectos como productor y su familia feliz puede que
Jackman esté sobrecalificado para el empleo de próxima gran estrella
del cine. Por ahora, la situación es desesperada: en Hollywood ya no
hay hombres.
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