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Nueva York/Redacción EDLP

Ray "Sylvia" Rivera , sobreviviente de Stonewall, quien falleció en 2002 dijo en una entrevista:“¿Sabe lo que fue más bonito de aquella noche? Ver a los hermanos y las hermanas de pie como una gente unida”"

El resumen de uno de los periódicos de la época es escueto: cuatro policías fueron heridos y trece personas arrestadas en Manhattan durante una redada en una sórdida barra controlada por la Mafia.

Ocurrió en el vecindario de Greenwich Village, en una madrugada del último fin de semana de junio en el último año de la tumultuosa, psicodélica, década hippie de los 60.

Hasta los detalles más ínfimos del suceso han pasado a ser asuntos de interés histórico.

Se ha discutido si el motivo de la redada fue el anhelo del alcalde John Lindsay de establecer sus credenciales de vigilante de la moral pública, porque era año de elecciones.

Se ha discutido la manera en que los ocho agentes que irrumpieron en la barra terminaron quedando atrapados dentro del local. “Yo había estado en situaciones de combate, y nunca hubo un momento en que me sintiera más asustado que esa noche”, relataría años más tarde uno de los policías, Seymour Pine, en una entrevista para la radio pública.

Se ha discutido si los policías respondieron con violencia cuando alguien se quejó de que las esposas le quedaban muy apretadas. Y si la multitud respondió a su vez tirándole objetos a los policías con gritos de “¡brutalidad policial!” y “¡ya no aguantaremos esto!”

Se han discutido, y probablemente se seguirán discutiendo, todos esos detalles, pero ya se puede decir que la historia dio su veredicto sobre la importancia de lo que ocurrió en esa barra aquella madrugada del sábado 28 de junio de 1969 y del motín que se desató en las calles de Manhattan después de la fracasada redada policial.

El veredicto se conoce porque el nombre de esa pequeña barra, el Stonewall Inn, ha dado la vuelta al mundo. La mera palabra Stonewall se convirtió en grito de guerra de comunidades gay a nivel internacional. Lo que sucedió a partir de esa noche en las calles de Nueva York transformó al vecindario del Greenwich Village, a la ciudad y al país. Lo sucedido en el Stonewall marca el punto más público y dramático del nacimiento del movimiento de derechos gay en los Estados Unidos, cuando una comunidad que había estado silente y sometida a los arrestos decidió que ya no quería seguir obligada a vivir en secreto. Pero tal vez se sabe menos que los eventos de esa noche también son parte de la historia de los gays hispanos en la ciudad de Nueva York, porque los clientes de la barra Stonewall —lesbianas, homosexuales, travestis— eran sobre todo latinos y afroamericanos. Stonewall, esa rebelión con repercusiones internacionales, fue una protesta hispana también.

Tal vez el nombre más famoso entre los protagonistas de los eventos de esa noche es el de Sylvia Rivera, quien se había llamado Ray Rivera hasta 1961, cuando comenzó a vestirse de mujer.

Rivera, quien falleció en el 2002, dijo en diversas entrevistas que antes de Stonewall, las travestis vivían aterrorizadas por las golpizas y los arrestos. “¿Sabe lo que fue más bonito de aquella noche? Ver a los hermanos y las hermanas de pie como una gente unida”, relató en una entrevista. Y en otra dijo que lo que 1969 había traído a su vida fue simplemente el beneficio de “ser totalmente libre”.

El contraste de lo que es ser latino y gay en la era post Stonewall es evidente en comunidades como Jackson Heights, Queens el condado que ahora es el centro de la comunidad gay latina de la ciudad, y tal vez de toda la región, en opinión de Eddie Valentín, quien con su compañero Casimiro Villa es dueño de tres populares bares gay en el condado: Club Atlantis, Friends Tavern y Music Box Bar.

En la era antes de Stonewall, según aquel agente Pine, la policía podía enviar a sólo dos uniformados para controlar una barra llena con cientos de travestis, porque el temor y la fuerza de la ley eran tales que nadie protestaba por los arrestos.

“Todavía hay un poco de miedo”, relata ahora Valentín, quien en deferencia a muchos clientes mantiene opacos los cristales de sus negocios. Pero la situación ha cambiado al punto en que en una comunidad como Jackson Heights, el comerciante ve a muchos de sus clientes salir de los establecimientos tomados de la mano, sin que nada pase.

Y si antes lugares como el Stonewall Inn eran probablemente innombrables, ahora a Valentín le ha tocado ser anfitrión de actividades para recaudar fondos de candidatos a elecciones. Aún hace veinte años, dice Valentín, “eso no se veía. Uno no veía a un político venir a un bar gay”.

A partir de Stonewall ha habido muchos otros hitos históricos para la comunidad gay hispana, además de la visibilidad permitida por esa rebelión: se han hecho marchas, hay participación cada vez mayor en la vida política, y se han vivido los altibajos de la lucha contra el Sida.

La comunidad gay latina ha desarrollado ya una historia larga y hasta complicada, relata Andrés Duque, de la organización Mano a Mano, creador del blog Blabbeando.

El nombre de Stonewall está ligado al de Sylvia Rivera como su figura icónica, pero ahora la comunidad gay latina ha crecido, con tanta diversidad como la ciudad misma.

Duque proveyó una lista de organizaciones que están haciendo trabajo para apoyar a la comunidad gay, en muchos casos trabajando sin salarios y sin oficinas. Entre ellas hay una organización colombiana, COLEGA; una ecuatoriana, Latitud Cero; otra dominicana, GALDE; también el Primer Movimiento Peruano LGBT; la organización venezolana VALGO, y otra llamada Venezuelan Gay United; y ahora también una de gays del cono sur, que se llama Mateando. Y esa no es ni siquiera la lista completa. Si en la era de Stonewall el problema para los gays de la ciudad eran las leyes de moralidad pública, ahora hay organizaciones gays hispanas que han tenido que desarrollar la capacidad de manejar asuntos de inmigración.

“Muy poquitas personas saben que hay este historial y la existencia de estos grupos”, dijo Duque. Y agrega que aparte de la diversidad étnica, ha habido un fuerte empuje para que se escuche la voz de las lesbianas también. Cita el caso de la organización Las Buenas Amigas, que ya tiene más de veinte años de creada.

Carmen Vázquez, de Empire State Pride Agenda, dice que también “ha habido una evolución, de donde había básicamente muchos grupos sociales a grupos que están tratando de hacer más”.

Han pasado casi 30 años desde aquel momento histórico en el que volaron los zapatos y las botellas en una barra controlada por los Gambino, aquel momento a partir del cual, en palabras del agente Pine, los travestis mostraron “una nueva clase de valor” y los policías se dieron cuenta de que “estábamos ahora tratando con seres humanos”.

Y mucho ha cambiado para los latinos gay desde esa época, pero para activistas como Vázquez todavía hay mucho que cambiar. No hay organización gay latina nacional, por ejemplo, y todavía las organizaciones latinas tienen que hacer escuchar su voz mucho más para “tener un impacto en el movimiento gay y lesbiano en general, y en el mundo”.

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