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Un
grupo de gays celebra a puerta cerrada el Día Internacional
contra la Homofobia en Beirut. |
Cuando Laurence, al
volver antes a casa, halló a su marido con otro hombre en la cama,
se dio cuenta de que su mundo, construido durante 10 años, era
mentira. "Lo entendí todo. Los tangas, los aceites... ¡Qué tonta
fui!", reflexiona.
Hijo de buena familia, guapo y rico, su esposo lo tenía todo. Pero
para esquivar la presión social y seguir su vida homosexual, tuvo
que casarse. Como él, muchos gais en el Líbano tienen una doble
vida. El Código Penal criminaliza "las relaciones antinaturales",
castigadas hasta con un año de cárcel.
Esta ley es benévola en comparación con otras del mundo
árabe-musulmán, donde la homosexualidad es vista como una
perversidad importada de Occidente. En ocho países, entre ellos Irán
y Arabia Saudí, los gais son condenados a muerte. El Líbano, el país
más liberal del mundo árabe, es una burbuja de libertad para sus
vecinos. "Tenemos cierta libertad. No hay una política de
persecución como en los países cercanos", explica Georges Azzi,
coordinador de Helem (Sueño), una asociación para la defensa de los
gais. Aunque, dice, "la ley existe y la policía la aplica cuando
quiere".
La ley data de los años 40, cuando el país estaba bajo mandato
francés. Pero las leyes en Francia cambiaron; en el Líbano, no.
"Esta ley no tiene sentido --opina Azzi--. No solo está
dirigida contra los gais, sino contra las libertades privadas".
Para Shant, portavoz de Meem (M de Mujer), una asociación para la
protección de las lesbianas, "es una herramienta para manipular y
humillar a los individuos".
Desviados
El termino árabe que se refiere a los homosexuales, cház,
significa desviado o extraño. Hace poco, la prensa empezó a usar
otro más neutro, mislé, que significa homosexual.
Paralelamente, la sociedad se fue volviendo más tolerante, por lo
menos en la capital. "Podía sentir la tolerancia obvia que los
beirutís fomentaron hacia los gais", apunta Fares, de 23 años,
que volvió al Líbano en el 2007, tras tres años en Canadá
Sin embargo, hay una fractura cultural entre Beirut y las regiones.
En el norte o el este, jóvenes gais huyen de su familia cuando sus
padres descubren que lo son y, en algunos casos, son amenazados de
muerte. Uno de ellos, que aún era menor, acudió aterrorizado a Helem.
Allí le ayudaron a encontrar una casa y un trabajo. También es
frecuente que la homosexualidad sea vista como una enfermedad. Shant
cuenta que hay padres que al descubrir que su hija quiere a otra
mujer, la llevan a un psiquiatra o un religioso. Otros la encierran
en su habitación.
A veces, la familia lo acepta. Fares salió del armario en el 2004,
en Montreal, donde vivía solo. En el 2005, lo anunció a sus padres.
"La Biblia dice...", le dijo su madre, aunque luego no lo
rechazó.
Pero el día a día es complicado. Muchos, por miedo a ser
discriminados, callan su orientación sexual en el trabajo. "Elijo
con cuidado a quién se lo cuento", confiesa Sam, de 23 años,
empleado en el sector financiero.
En el espacio público, la homofobia está muy presente. Una lesbiana
cuenta cómo dos hombres la acosaron en la calle y cuestionaron su
sexualidad. "¿Quieres divertirte? Vamos a divertirnos", le
dijeron, tomándola por un chico.
"La homosexualidad masculina molesta porque destruye la imagen
del varón, que considera a la mujer una subordinada", explica
Azzi. En cambio, "las lesbianas no son tomadas en serio. Se
asocian a una ilusión sexual". Además, en la sociedad libanesa
los jefes religiosos son muy influyentes. Y la religión, tanto la
cristiana como la musulmana, prohíbe la homosexualidad.
Avances frágiles
Por ello hay que tener cuidado. "Las muestras de afecto se
limitan a muy pocos lugares", explica Shant. Aunque no se
definen como tales, varios bares y clubs gais abrieron sus puertas
en Beirut y sus alrededores. En los últimos años, el número ha
crecido. Y es que el auge de internet ha ayudado mucho a la
emancipación. Los foros on line son un espacio de charla,
información y cita. También los jóvenes gais se sienten más cómodos
en la universidad y salen más del armario. Hace cinco años, la edad
media era de 20. Hoy día, ha bajado a 16. "Eso da un poco de
miedo --reconoce Azzi-- porque no tienen recursos para vivir
solos".
Lo más duro es el hecho de no tener ningún derecho, al no ser
reconocidos por la ley. "Nuestro objetivo es que los homosexuales
sean considerados como ciudadanos y se beneficien de la protección
de la ley", destaca Azzi. Desde Meem, Shant añade: "Queremos
tener el derecho a tener un cuerpo, una sexualidad. Queremos una
sociedad que incluya a la gente y que no sea fragmentada".
Sin embargo, aún queda mucho por hacer. Azzi teme que todo puede
caer como un castillo de arena: "Puede ocurrir si un jefe
religioso habla contra nosotros". |