(Agencia Reforma) - 08 de Agosto de 2008
Una amplia gama de películas porno,
drogas diversas y alcohol son elementos que no faltan en las fiestas
'bareback'; el único requisito para entrar es aparentar por lo menos
18 años, pagar la 'cuota de recuperación', y, una vez adentro, cada
quien decide
Son las 9:00 de la noche. Después de
haber cumplido con el pase de entrada: registrarse, pagar 100
pesos y guardar su ropa, excepto los calzones, en una bolsa de
plástico, Carlos está dentro.
No tuvo que comprobar
su mayoría de edad como otros que sí lo hicieron, pues su cabello
largo y rizado, su 1.70 de estatura y su complexión robusta lo hacen
aparentar más de los 27 años que en realidad tiene.
Es una fiesta de esas
que cada vez son más comunes entre el ambiente gay y en las que una
de las atracciones es la posibilidad de practicar el "bareback"
(sexo anal sin condón).
Carlos, quien pidió
que no revelaran sus apellidos, es un joven gay que, a petición de
REFORMA, accedió a dar su testimonio sobre lo que sucede en estas
reuniones, a las que sólo asisten varones.
Haber pagado le da
derecho a beber tequila, vodka, brandy o whisky, dispuestos en una
barra improvisada sobre una mesa de plástico; también, a tener
relaciones sexuales, previa aceptación, con cualquiera de los 40
hombres presentes esa noche, miércoles 14 de noviembre de 2007.
Si quiere alternar su
bebida y el sexo con poppers (vasodilatadores líquidos que se
inhalan), necesita invertir 200 pesos más; por eso algunos optan por
llevar sus propias dosis de mariguana, cocaína o tachas.
Mientras se fuma un
cigarro, Carlos observa que en la sala, sobre un colchón justo
frente al televisor, varios chavos hacen todo por reproducir las
escenas de la película porno que el encargado de la videoteca eligió
de entre toda la oferta.
En esta orgía sí
participan los condones del IMSS, que están disponibles para todos.
En otro cuarto, la intensidad de la luz permite apreciar que también
se practica el sexo seguro.
Con jadeos de fondo,
Carlos recurre a su "alma de reportero" y pregunta a un joven que lo
asedia: "¿Sabes de ondas más extremas?".
-"¿Como cuáles?".
-"Sexo a pelo".
Sin emitir palabra,
lo lleva hacia el cuarto más oscuro del departamento, ubicado en un
edificio de Avenida Chapultepec, en la colonia Juárez.
Observa a dos tipos
fornidos que se turnan para hacer gritar de placer a un joven. Este
trío "lo hace" sin condón.
Cuando el encuentro
termina, el joven se dirige a la fila del baño, y Carlos no
desaprovecha la oportunidad para preguntarle: "¿Qué se siente
hacerlo así?".
"Prefiero hacer que
contar", responde cortante antes de cerrar la puerta del baño. Al
salir, el joven es esperado por otros dos hombres que se disponen a
practicar "bareback" con él.
Los asistentes a la
fiesta ya son más de 80.
Carlos, miembro
reciente del grupo de Yahoo Bareback_Mexico, llegó aquí a través de
"PP", usuario que se ostenta como organizador de fiestas "bareback",
quien, al aclararle que es difícil realizar fiestas exclusivas para
practicar el "sexo a pelo", le dio la opción de acudir a las que
ofrece Guillermo, desde hace tres años, todos los miércoles, viernes
y sábados a partir de las seis de la tarde.
Bastó que Carlos
llamara al celular de Guillermo (quien se negó a dar su testimonio)
para obtener la hora y el lugar de la fiesta a la que asisten
hombres que aparentan entre 18 y 45 años.
Carlos necesita otro
trago y en la barra se encuentra con un chavo que, después de una
larga conversación, le confiesa ser portador del VIH; acepta que la
práctica del "bareback" es "de lo más normal" y confiado expresa:
"De sida ya no se muere la gente".
-"¿No es mejor estar
sano?", revira Carlos.
-"De todos modos, te
morirás de algo, y así nadie te quita lo bailado", le contesta.
El encargado de la
barra, Ricardo, se inmiscuye en la conversación: "Ahora hasta el
Seguro Popular te asegura acceso a los medicamentos".
Ahí, Carlos se entera
de que en la Colonia Del Valle se realizan fiestas "bareback", pero
el acceso es más restringido: además de que consideran los datos del
perfil de cada interesado, la apariencia es determinante.
Ya es más de media
noche, y Carlos por fin se dispone a ligar con un chavo "como de
30".
Con el afán de seguir
obteniendo información, le propone tener sexo sin condón.
-"¿Pero seguro no
tienes nada?", duda el joven.
-"Seguro. Te doy mi
palabra", le dice Carlos. Esta afirmación es suficiente.
-"Ok, pero vámonos al
cuarto más oscuro".
Juegan al
"deporte extremo"
Rolando, un
treintañero que pide guardar su identidad y profesión, confirma que
las fiestas "bareback" no sólo se hacen en las colonias Juárez y Del
Valle, sino también en San Ángel.
"No prohibimos el "bareback",
porque es elección de cada quien", dice el organizador de las
fiestas sabatinas nocturnas para hombres de 18 a 45 años que buscan
un encuentro sexual o, simplemente, "un trago o una buena charla".
Los invitados,
asegura, tienen a su alcance condones gratuitos de la Secretaría de
Salud, o de marca, que pueden comprar hasta donde el donativo de 100
pesos por persona alcance.
Su percepción, a un
año de ser "anfitrión", es que la práctica del "bareback" va en
aumento. "Piensan que de VIH ya no te mueres porque los tratamientos
han evolucionado".
Rolando puede no
estar lejos de la realidad, pues, de acuerdo con la Encuesta
Nacional sobre Comportamiento Sexual y Pruebas de Detección del VIH
en Hombres que Tienen Sexo con Hombres (HSH), 50 por ciento de los
más de 4 mil varones consultados tiene algún conocido o amigo que
practica el "sexo a pelo", y 14 por ciento reconoció practicarlo.
Sin embargo, esta
práctica, según el organizador, sigue siendo un tema tabú entre la
comunidad gay porque está mal visto tener relaciones sexuales sin
protección.
"Muchos dicen que
siempre usan condón, y de repente te das cuenta que no es cierto".
Según Rolando, quien
no aprueba la práctica del "bareback", quienes lo hacen es por la
adrenalina que les genera el "jugar a la ruleta rusa".
Para unos es como un
deporte extremo en el que experimentan mucho placer; para otros es
la venganza perfecta: "Quienes están infectados (con el VIH)
piensan: 'A mí me chingaron; ahora voy a chingar'".
La encuesta realizada
por Anodis encontró que los HSH que no usan condón lo hacen porque
les gusta el “bareback” (5 por ciento), por mayor intimidad sexual
con la pareja (20 por ciento) y por lo excitante que les resulta no
usar preservativo (11 por ciento).
En las fiestas que Rolando organiza
en San Ángel, al sur del Distrito Federal, que empiezan desde
las 10:00 de la noche y hasta "que el cuerpo aguante", un "barebacker"
puede hacerlo con múltiples parejas durante la noche y, para
mayor placer, combinarlo con drogas.
"Es como para acallar
la conciencia. Dicen: 'No me di cuenta porque estaba muy pasado'".
Para el joven, quien
en un principio se "aventó" a organizar las fiestas "bareback" por
morbo y diversión, el riesgo de infectarse una y otra vez con el VIH
es lo más peligroso de esta práctica.
Sin embargo, para
algunos "barebackers", si ya van a recibir "la semilla" (el virus),
lo mejor es obtenerla de una persona que se admira o con la que ya
se pretende tener una relación estable.
Así lo sugiere uno de
los cientos de usuarios de la página clandestinogay.com, quien le
dice a "Gift Giver" ("El Regalador"):
"La neta sólo te
escribo para felicitarte por lo cabrón que eres al estarte
anunciando y ofreciendo el regalito y la neta te confieso que hasta
te admiro y me latería ayudarte de cerca en ese trabajo, repartiendo
regalitos". |