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Hace unos días conversé con
Wilma y su esposo Medardo, una simpática pareja peruana
que vive en Estados Unidos desde hace más de dos décadas
y tienen un único hijo de 22 años. Hace unos 5 años,
poco después de dejar la casa para ir a la universidad,
su hijo les hizo saber que es gay. Aunque no
reaccionaron mal y le dijeron a su hijo que lo seguían
queriendo, la revelación les causó un schock.
Wilma y Medardo buscaron
ayuda e información y encontraron todo eso en PFLAG,
agrupación norteamericana cuyas siglas significan en
inglés Padres y Amigos de Lesbianas y Gays. En
las reuniones mensuales de PFLAG, conversando con otros
padres en su misma situación, se dieron cuenta que por
ser gay su hijo no se había convertido en un extraño, ni
en alguien malo y pudieron aceptarlo. “El amor es lo
más importante, ahora somos una familia feliz. Yo
conozco a la pareja de mi hijo y todos nos llevamos muy
bien”
A partir de su propia
experiencia, Wilma se dio cuenta de la importancia de
que los padres y madres de lesbianas y gays participen
al lado de sus hijos en la lucha por lograr una sociedad
más respetuosa de la diversidad y se convirtió en
activista de PFLAG.
PFLAG es una organización
cuyo germen empezó en 1972 cuando, unos meses después
de haber visto por televisión como su hijo
Mortie era
golpeado durante una manifestación por los derechos gay
sin que la policía hiciera nada por evitarlo,
Jeanne Manford participó al lado de Mortie en la
Marcha del Orgullo Gay de Nueva York.
Durante la marcha
muchos gays y lesbianas le pidieron a Jeanne que hablara
con sus padres y ella decidió formar un grupo de
soporte. La primera reunión formal se realizó en marzo
de 1973 con la presencia de 20 personas.
Hoy, 35 años después, PFLAG
es una organización que funciona en 14 países:
Argentina, Australia, Bélgica, Francia, Alemania,
Israel, Italia, Jamaica, México, Nueva Zelanda, España,
Suiza y el Reino Unido) además de los Estados Unidos. En
todos ellos PFLAG se dedica a dar apoyo a padres,
familiares, amigos y a las personas GLBT que se ven
enfrentadas a una sociedad hostil, a educar y orientar
al público mal informado y también a abogar para que se
termine la discriminación y se establezcan los derechos
civiles para todas las personas GLBT.
Con Wilma y Medardo
conversamos respecto sobre lo mucho que aún le falta
cambiar a la sociedad peruana para hacer de nuestro
país un lugar en el que todos y todas sus habitantes
puedan vivir, sentir y luchar por alcanzar la felicidad
en un entorno seguro donde puedan ejercer con plenitud
sus derechos ciudadanos.
Un cambio importante que
debe hacerse con urgencia es involucrar a los padres y
amigos de lesbianas, gays y trans en la lucha por
lograr un cambio social que lleve al respeto de la
diversidad y conseguir una ley que sancione la
discriminación por orientación sexual e identidad de
género.
Claro, para lograr esto es
preciso que más y más lesbianas y gays den el paso de
contarles a sus familiares y amigos sobre su orientación
sexual.
Afortunadamente cada vez son
más los jóvenes que se animan a salir de closet frente a
su familia y amigos. Sé por su propio testimonio que,
independientemente de cómo haya sido recibida la
noticia por sus padres o amigos, el haber salido del
closet les ha dado mucha mayor confianza en si mismos y
les ha liberado del peso de tener que mentir
constantemente y de la tensión de llevar una doble vida.
Es la idea de Wilma
apoyar la constitución en Lima de un grupo de Padres y
Amigos de Lesbianas y Gays. Su idea ha sido bien acogida
por organizaciones del movimiento GLBT como MHOL y
PROMSEX.
Ya ha habido madres que como
Jeanne Manford en
1972 han participado al lado de sus hijos o hijas en
alguna de las seis marchas del orgullo realizadas en
Lima. Esperemos que su ejemplo se multiplique y que más
y más madres y padres se animen a participar en las
futuras marchas y se organicen para apoyar a otros
padres y a sus propios hijos.
Se abre así un nuevo
frente para el activismo, un frente que no tiene que ver
con marchas, ni con cabildeo en el congreso sino que se
desarrolla en la cotidianeidad, en el interior de
nuestro hogar, centro de estudio o lugar de trabajo. Y
es un activismo para el que todo lo que se necesita es
tener el valor de ser nosotros mismos.
(*) Por razones de
simplicidad y contundencia del mensaje cada vez que se
diga gay en este artículo entiéndase que nos referimos
a lesbianas, gays, bisexuales y personas trans.
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