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- Sábado 1 de noviembre de 2008
Desde el presidente para abajo, todos dicen que basta, que el tema
está "agotado".
Así, buscaron poner
fin a la controversia suscitada entre la reina de España y la autora
de La reina muy de cerca, un libro de la periodista Pilar Urbano
(quien aparece en la foto de la izquierda), en el que Sofía tiene
opiniones críticas hacia el orgullo gay, el matrimonio homosexual
"eso no puede llamarse matrimonio, dijo" o la eutanasia, que
generaron indignación en sectores que se sintieron agraviados.
Pero, lejos de eso,
ayer crecía la tormenta alrededor de sorprendentes opiniones de la
reina, al extremo que por primera vez en tres décadas de exposición
pública hubo quienes abiertamente "mandaron a callar" a esta
dedicada mujer de 70 años, tal como hace poco hizo su marido, el rey
Juan Carlos, con el presidente de Venezuela, Hugo Chávez.
"¿Por qué no se
calla?", tituló en primera página el diario Público. "Imprudente por
un día", sentenció El Mundo, al criticar la actitud de la monarca y
poner muy en duda el contenido de un comunicado emitido a todo vapor
por la Casa Real, con el que intentó apaciguar el incendio en torno
de una figura que era, por momentos, más valorada que el rey.
La Casa Real
reaccionó mediante el recurso de desmentir a la autora del libro. En
un comunicado, la institución redujo la cuestión a materia de
"supuestas declaraciones" emitidas "en un ámbito privado". Y lamentó
que hubieran provocado malestar entre españoles. Pero Urbano no
parece dispuesta a que la conviertan en el chivo expiatorio de un
escándalo.
"De supuestas, nada,
y de ámbito privado, tampoco. Las conversaciones existieron, no fue
una sino varias y no en un ámbito privado, sino en el Palacio de La
Zarzuela, que sufragamos los españoles y que ocupan los reyes. No
entiendo por qué la Casa del Rey ahora dice eso, cuando la reina se
implicó a tope con el libro", dijo la autora.
Ratificó así, de
principio a fin, las más de 300 páginas del libro que, por cierto,
se vende como churros recién hechos. Y, a la hora de explicar por
qué se desmentía ahora un texto del que según dijo la reina conocía
"hasta las pruebas de imprenta", Urbano cargó sobre el "excesivo
celo de los edecanes" de la familia real.
La escritora subrayó
que en su momento envió un borrador del libro a los asesores de la
reina para su aprobación y que nadie puso objeción alguna. "Podemos
entender toda la prudencia que rodea a la Casa Real, pero hay un
lobby muy poderoso en este país, que es el lobby gay", señaló ayer.
La Constitución
obliga a la neutralidad de la corona. Y los dichos de Sofía parecían
contradecir esa norma, al punto que no faltaron ayer juristas que,
llevando las cosas a un extremo, argumentaban, con la Constitución
en mano, que la reina podría ser demandada por sus dichos.
Bajar el tono
Desde el presidente
para abajo, todos intentaron bajar el tono y dar por terminado un
asunto que empezó a rozar el papel de la institución monárquica y a
hacerlo, paradójicamente, a partir de una de sus figuras menos
cuestionadas.
"La reina cumple con
su labor de manera impecable, ejemplar, con entrega. Y dando siempre
una imagen muy positiva de España", dijo el presidente José Luís
Rodríguez Zapatero, a quien le tocó sacar las papas del fuego.
Por su parte, el
vocero del opositor Partido Popular (PP), Esteban González Pons,
soltó, categórico: "La familia real no debería hablar".
Sofía de Borbón
estaba anoche fuera de España, tras haber viajado a El Salvador por
la Cumbre Iberoamericana. Quienes la acompañaron señalaron haberla
visto "con el semblante serio y expresión preocupada".
Lo curioso del asunto
es que las asociaciones de gays y lesbianas que saltaron a la
yugular de la reina dijeron ayer sentirse "satisfechos" con las
explicaciones y, en un vano intento, se sumaron a quienes pedían dar
por cerrado el tema.
Pero, para cuando
intentaron apagarlo, su fuego ya estaba encendido.
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